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Vol. IV, núm. 6, periodo abril 2011





Formulario de autoevaluación.

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La planificación de la transición de un centro específico a uno ordinario, de una etapa educativa a otra: “la mejor forma” de llevarla a cabo con éxito

Melissa Grisswold,
Clarke Mainstream News, 2005: Vol. 24, no. 6


Todos los alumnos y alumnas deben afrontar una serie de cambios a medida que avanzan en su vida académica. Ante un momento importante, como es el paso de la enseñanza primaria a la secundaria, se suelen organizar visitas en grupo con el fin de que los alumnos se vayan mentalizando. De esta manera, se les ofrece la oportunidad de conocer físicamente el nuevo centro y de hablar con profesores, orientador y otros alumnos acerca de las novedades que les esperan. Generalmente son suficientes estas visitas, junto con la información que se comparte con los padres, los hermanos mayores y los amigos. También se suelen adoptar medidas básicas para ayudar a los alumnos que pasan de curso en el mismo colegio, especialmente en Educación Primaria. En lo que se refiere a los alumnos que se enfrentan a una dificultad adicional, como es la pérdida auditiva, se necesita llevar a cabo una planificación más minuciosa.




Lo cierto es que un alumno con pérdida auditiva y su familia tendrán que enfrentarse a lo largo de la vida académica a cambios que superan con creces, tanto en número como en complejidad, a los de sus compañeros oyentes, empezando por la aceptación de su pérdida auditiva. En el caso de algunos alumnos, los cambios más importantes a lo largo de su vida académica (de preescolar a primaria, de primaria a secundaria, de secundaria a bachillerato y de bachillerato a la universidad, la formación profesional o el mundo laboral) tendrán lugar en un entorno de integración en el marco de la educación ordinaria. Para los alumnos escolarizados en programas especializados para sordos, el momento de acceder a la enseñanza ordinaria representa en sí mismo un nuevo cambio. También hay que tener en cuenta que hay alumnos que empiezan su formación en el sistema educativo ordinario, lo dejan para escolarizarse en un centro de educación especial de sordos y regresan al mismo al cabo de unos años. Así pues, es bastante probable que a lo largo de la vida académica de un alumno tenga que pasar por un número considerable de procesos de transición.

Tomando como ejemplo el primero que hemos mencionado, el paso de la educación primaria a la secundaria no sólo conlleva adaptarse a unos programas más complejos. En el caso de un alumno con pérdida auditiva, significa además adaptarse al estilo de comunicación de varios profesores, en lugar de tener que hacerlo solamente a uno como venía ocurriendo en Primaria, así como a un lenguaje y un vocabulario más sofisticados, tanto en el aula como en las situaciones sociales. La planificación del paso del alumno de  Primaria a Secundaria debe centrarse tanto en el alumno como en el personal del centro que le va a recibir. El Documento Individualizado de Adaptación Curricular (DIAC) tiene un papel importante en el proceso y, con el fin de crear un EQUIPO dedicado y organizado, la preparación debería continuar después de la reunión del DIAC. Consideremos el ejemplo siguiente:

Roberto pasó de un programa para sordos a primero de secundaria en un centro de enseñanza ordinaria de su ciudad. La planificación de esta transición se inició en marzo del año anterior. Roberto y sus padres visitaron el nuevo colegio, participaron en las sesiones de orientación y tanto los docentes como el personal de apoyo tuvieron acceso a una gran cantidad de información facilitada por los profesores del colegio de educación especial. Mediante dos sesiones de orientación previas al inicio del curso, una en primavera y otra en otoño, el nuevo EQUIPO tuvo la oportunidad de informarse acerca de lo que implica una pérdida auditiva y de plantear numerosas preguntas. Las ventajas de estas sesiones de planificación fueron evidentes en las primeras semanas del curso. Roberto se sintió bien acogido en su nueva clase y sus profesores se sintieron seguros de su capacidad para enseñarle. Sin embargo, no fue hasta pasados unos meses cuando   los profesores y el logopeda del nuevo centro fueron conscientes del déficit de vocabulario y de lenguaje  que habían señalado los anteriores profesores del alumno.  En ese momento, los profesores y el logopeda sugirieron que el EQUIPO se reuniera para reconsiderar el tipo de apoyo que se estaba dando al alumno y buscaron la ayuda del orientador escolar que visitaba con regularidad el colegio.

Este caso hipotético muestra que, si bien una transición bien planificada no está exenta de dificultades, sirve para que los integrantes del EQUIPO sintonicen con las necesidades del alumno y se comuniquen entre sí para hacer un seguimiento del progreso que realiza. Las necesidades se pusieron en evidencia en una etapa temprana porque el EQUIPO de Roberto era consciente de los aspectos a los que había que  prestar mayor atención. Fueron capaces de reconocer las señales de alerta y adoptar medidas organizadas para darles respuesta. Si no se les hubiera preparado, Roberto podría haberse ido quedando rezagado antes de que alguien se diera cuenta de su problema. Además, el hecho de que un orientador escolar se integrase en el EQUIPO permitió que se pudiera hacer uso de  su experiencia, lo que supuso un ahorro de tiempo.

Hay varios factores comunes en cualquier proceso de transición en el entorno educativo que proporcionan unas “condiciones óptimas” para llevar el proceso a cabo con éxito:

Los padres son las personas que mejor pueden abogar por los derechos  de su hijo o hija y se comprometen a colaborar con todos los integrantes del EQUIPO. Suelen plantear las cuestiones que afectan a su hijo/a sin tapujos y procuran que se preste atención a los pequeños detalles antes de que se conviertan en problemas más serios. En un proceso de cambio, los padres tienen en cuenta tanto los aspectos académicos como los sociales y buscan oportunidades para que su hijo tenga contacto y se relacione con sus futuros compañeros de clase, por ejemplo, durante los meses de verano.

El alumno participa activamente en el proceso
. Se anima a que el alumno participe en las reuniones desde un principio, con el fin de que pueda conocer a sus profesores y al personal de apoyo con tiempo suficiente. Se le dan oportunidades para familiarizarse con la clase y el colegio. Se le anima a que exprese sus puntos de vista, por ejemplo ayudando a elegir el lugar que ocupará en el aula para tener un acceso óptimo a la comunicación. Tiene ocasión de pasar tiempo con los alumnos de su nuevo colegio desde la primavera del curso anterior. El alumno de primaria puede pasar parte de la jornada escolar en el nuevo centro, mientras que el de secundaria o bachillerato puede  acompañar a un alumno del centro durante todo el día, “como si fuera una sombra”. Estas  visitas se preparan con el alumno y se realiza un seguimiento  posterior.

Los directores de los centros se ven como parte involucrada en el proceso
. El director, por ejemplo, realiza un esfuerzo por participar, asistiendo a las sesiones de orientación, mostrando disposición para conocer las necesidades específicas que tiene  el alumno con pérdida auditiva y asegurándose de que los profesores tengan disponibilidad para acudir a las reuniones. Con esta actitud, sienta las bases de la  actuación que va a tener todo el EQUIPO.

Todos los miembros del equipo educativo asisten a las reuniones de orientación. En las reuniones de orientación con el profesorado, la asistencia es plena, ya que se programan para que puedan asistir y quedarse hasta el final todos los profesores y el personal de apoyo. Se programa el tiempo necesario para que un profesional con experiencia pueda facilitar formación básica sobre las pérdidas auditivas y contestar a las preguntas que se planteen. Lo idóneo es que una sesión de orientación tenga lugar el curso anterior a la llegada del alumno y otra antes de que empiece el curso, de tal forma que los profesores tengan oportunidad de asimilar la información durante el verano y de plantear preguntas adicionales con posterioridad.

Los integrantes del EQUIPO intercambian información periódicamente. El  comienzo del proceso de transición conlleva que el profesor que actualmente esté trabajando con el alumno comparta información detallada con el profesor que lo hará en el futuro, lo que incluye resúmenes del curso, copias de trabajos realizados por el alumno, resultados de algunas pruebas, estrategias que son eficaces en la comunicación con él, logros alcanzados a la hora de relacionarse y aspectos en los que todavía debe mejorar. Una vez que el alumno se incorpora a la nueva clase, se realiza un esfuerzo coordinado para mantener una comunicación periódica y organizada entre todos los integrantes del EQUIPO, del que forman parte el profesor, los padres, el tutor, el logopeda, el orientador o el profesor de sordos. De esta forma, se promueve que haya coherencia en el programa del alumno.

Los profesores se muestran abiertos para trabajar con un profesional con experiencia en la integración de alumnos sordos en el colegio ordinario como, por ejemplo, un orientador escolar especializado.
Se muestran dispuestos a que un orientador observe al alumno en clase, aceptan las sugerencias y se muestran flexibles respecto a su estilo de enseñanza.

Se dedica tiempo a pensar sobre la mejor manera de preparar y formar a los futuros compañeros de clase.
Durante una visita, se puede invitar a uno de los alumnos oyentes a que sea el “compañero de referencia” del alumno durante la jornada. Se comparte con el grupo de clase la cantidad de información que se considere apropiada acerca de lo que representa tener una  pérdida auditiva y las estrategias de comunicación más eficaces para estas personas antes de que la visita tenga lugar y, posteriormente, se pide a los alumnos oyentes que “compartan” sus opiniones. Otra posibilidad es que algunos de los futuros compañeros de clase del alumno realicen una visita al centro donde el alumno asiste a un programa específico para sordos en la primavera del curso anterior. Las sesiones de orientación para los alumnos (dirigidas por un adulto o por el propio alumno) y las actividades de toma de conciencia de la discapacidad tienen lugar una vez comenzado el curso escolar. Los profesores se ocupan de crear un ambiente de aceptación y respeto hacia las diferencias y fomentan un sentimiento fuerte de pertenencia al grupo en sus aulas.

También se presta atención a las ayudas técnicas. Se adoptan procedimientos para dar a conocer el equipo a todos los alumnos de la clase y se facilita el mantenimiento apropiado de los audífonos, el implante coclear o el sistema FM que utiliza el alumno; se revisa si el equipo que lleva el alumno es eficaz y, si no es así, se analizan nuevas opciones.

Cuando no se notifica con antelación al colegio o a los profesores la llegada de un alumno con pérdida auditiva, se pone en peligro el desarrollo académico, social y emocional del alumno. Éste se encuentra de pronto en un nuevo entorno sin haber recibido previamente preparación y, a menudo, los profesores no están conformes con la  situación. Es posible que las relaciones entre los padres y el colegio, así como entre los profesores y el personal de apoyo externo, como puede ser el orientador escolar, sean tensas, debido a que no ha habido ocasión para asignar funciones y responsabilidades. Una planificación minuciosa es la mejor manera de evitar este tipo de problemas, de garantizar que cuando el alumno traspase la puerta de su nuevo colegio se sienta bien acogido, en lugar de rechazado y de que sus profesores se sientan cómodos y dispuestos a trabajar con él.


El alumno con pérdida auditiva y su familia tendrán que enfrentarse a lo largo de la vida académica del alumno a transiciones que superan, a las de sus compañeros oyentes, empezando por la identificación de su pérdida auditiva.

Descubrir y cultivar el talento

Claire Blatchford, Clarke Mainstream News, 2005: Vol. 24, no. 6

Cuando le pregunté a mi padre de 87 años qué consejo daría a los padres de niños con discapacidad auditiva, le dio la vuelta a la pregunta y me respondió: “Tú puedes contestar a eso mejor que yo, porque eres tú quien tiene la pérdida auditiva y sabes lo que tu madre y yo hemos hecho bien y lo que no. Así que ¿por qué no te contestas tú a ti misma?”.




Yo sé que no estaría donde estoy ahora si no fuera por mis padres, por la manera en que me dieron aliento, animaron y creyeron en mí. Podría escribir sin problemas un par de docenas de páginas sobre mis padres  pero, como hay un límite de espacio en esta columna, me gustaría reflejar algo que mi padre siempre me recalcó, y algo en lo que continúa insistiendo cuando habla con sus nietos (que tienen una audición normal).

Para decirlo en pocas palabras: mi padre cree que, para encontrar nuestro camino en la vida, es de suma importancia que descubramos y desarrollemos nuestro talento. Y, como los niños pueden no ser conscientes del potencial de su propio talento, es tarea de los padres orientarles a que prueben con una y otra actividad y que con el tiempo (como ocurrió en mi caso) lleguen a pensar que lo han descubierto por sí solos.

Mi padre cuenta que un día me dijo cuando yo era bastante pequeña: “Puede que no puedas oír pero desde luego sí que puedes escribir”. No recuerdo que me lo dijera con estas palabras, pero lo que sí recuerdo es un diario encuadernado precioso que me dio cuando yo tenía diez u once años. Era un regalo que le hacía uno de sus clientes todos los años. Durante el tiempo que tuvieron negocios en común, siempre me llegaba por Navidad un diario nuevo con una gruesa cubierta en tonos cálidos. Creo que soy escritora de vocación porque, todavía hoy, disfruto del tacto e incluso del olor de un diario nuevo lleno de páginas en blanco.

Comencé a llevar un diario y, como me gusta el orden, para mí era importante escribir todos los días. Probé con bolígrafos diferentes y experimenté con lo que yo creía eran estilos de caligrafía más maduros o sofisticados y, en el proceso, me topé de  frente con la libertad que da la escritura. Cuando estaba harta y me sentía frustrada en las sesiones de logopedia, me aliviaba poder llegar a casa, cerrar la puerta de mi habitación, sentarme en mi escritorio y escribir en mi diario: “¡ODIO las sesiones de Logopedia!”. Cuando me sentía sola y sentía que me daban de lado en la escuela, sabía que podía soltarlo en mi diario, después meterme en la cama y viajar muy lejos de todo ello en mis sueños. A veces lo que escribía surgía en forma de poesía y siempre, ahora me doy cuenta, sentía a mi padre alentándome entre bambalinas. Me sugería que me leyera cierta novela o a un poeta. También me llegó a sugerir que aprendiera a escribir cartas de agradecimiento lo que, en su momento, me llevó a mantener correspondencia y a hacer amistad por carta con personas de otros países. En el instituto, mi padre me sugirió que me apuntara a la revista literaria escolar de la que fui editora durante tres años. En este puesto aprendí mucho sobre titulares de prensa, diseño, pruebas y honorarios. Conocí otros alumnos que también llevaban diarios y que soñaban con reseñas de sus escritos en el suplemento literario del New York Times. En la primavera de mi último año, reuní el valor para publicar en solitario una serie de poemas que se vendieron a más de trescientas personas. Los poemas estaban dedicados a mis padres.

Escribir y leer puede ser una maldición, en lugar de una bendición, para los niños que nacen con pérdida auditiva y tienen que luchar con tesón para aprender de qué va todo eso del lenguaje (yo perdí mi audición poco después de cumplir los seis años). Está claro que llevar un diario y escribir no es una solución válida para todo el mundo. La verdad es que no sé cómo mi padre supo que para mí sí lo era, pero sí sé que a él se le daba bien redactar. Mi padre fue reportero en un periódico durante un tiempo y ha sido una persona que siempre ha leído mucho. Por otro lado, mi madre era artista, el arte formaba parte de nuestro vocabulario; me animaban a dibujar, a hacer manualidades para regalar y a experimentar con distintos técnicas. Muy pocos creían entonces que yo sería hoy profesora de plástica. Así que parece que nuestras propias habilidades e intereses pasan a nuestros hijos y se pueden convertir también en sus talentos. Y este talento puede manifestarse de muy diferentes maneras, desde cocinar, pasando por hacer kayak, hasta aprovechar las posibilidades de los ordenadores y muchas cosas más.

Mi padre diría que es muy simple: descubre en qué eres bueno y, con suerte y perseverancia, llegarás tan lejos como puedas. Porque el talento te puede llevar a conectar con todo tipo de personas e incluso puede llegar a ser aquello en lo que trabajes. Debo añadir que para mí el hecho de escribir no es sólo una habilidad o una profesión, sino que también lo considero como un confidente, por muy raro que suene. No sólo aprendo de mí misma en el proceso de la escritura, de los momentos creativos y de otros totalmente carentes de inspiración, sino también de las reacciones de los demás a mis esfuerzos. El desafío de escribir, incluso cuando escribo sobre la sordera, me lleva más allá de ella. Un verdadero amigo no es sólo alguien con quien disfrutamos, un verdadero amigo tiene la virtud de sacar lo mejor de nosotros mismos. Un amigo de verdad está siempre ahí cuando las demás cosas no parecen marchar bien. Y se puede, de hecho, tener varias personas como “compañeras de fatiga” que se complementen. No soy, por ejemplo, botánica o paisajista, pero mi interés por las plantas me ha llevado por algunos caminos interesantes y, estoy segura, de que ha añadido color a mi escritura.

Así que, una de las primeras cosas que les digo a los padres de niños con discapacidad auditiva cuando piden consejo, es algo que en realidad  no proviene de mí, sino de mi padre: ¿En qué es bueno tu hijo? ¿Qué tipo de actividades le interesan? ¿Con qué cosas le ves disfrutar? Prestad atención, escuchad y ofreced apoyo y sugerencias, siempre que sea posible, ya que esas habilidades juegan un papel incluso más importante que el de cualquier persona que pueda influir en él. Pueden ayudarle a ir más allá de su sordera, a llegar a ser sus compañeros de fatiga y a actuar de guías durante el resto de su vida.


Mi padre diría que es muy simple: descubre en qué eres bueno y, con suerte y perseverancia, llegarás tan lejos como puedas. Porque el talento te puede llevar a conectar con todo tipo de personas e incluso puede llegar a ser aquello en lo que trabajes.

Los libros preferidos para hablar de la pérdida auditiva y la discapacidad

Clave atención a la deficiencia auditiva.

En el boletín nº 3 de este año, Clave solicitaba la colaboración de los lectores preguntando sobre sus libros favoritos para informar a otros niños sobre la pérdida auditiva o hablar sobre la diversidad con la finalidad de publicar dichas recomendaciones en este número de abril, mes en el que se celebra el día del libro.
Gracias a las personas que nos han escrito enviándonos la referencia de sus libros especiales y cuya información compartimos con todos ustedes.




Dactilografías. Joan Fontcuberta. Editorial Kalandraka, Sevilla, 2009.

“Es un libro muy gráfico y muy fácil para aprender las letras del alfabeto manual.
Estéticamente es muy original”. S.V.

El grillo Benito. Almudena Taboada. Editorial SM, Madrid, 2005.

“Benito es un grillo sordo que vive en un bosque rodeado de amigos. Uno de ellos le enseña a oír la música por medio de las vibraciones. Sus amigos dan conciertos, y en uno de ellos Benito nota que se acerca el peligro (en forma de gallina). Así que, sin pensarlo, sale disparado hacia ésta para evitar que llegue donde están sus amigos.

Rodrigo lo ha leído y le gustó mucho. Cuando llegó a la parte en la que dice que el grillo es sordo dijo:
“como yo”. Y cuando leyó el final del cuento se puso contento. El grillo era un superhéroe que había salvado a sus amigos”.

Regina recomienda la lectura de este libro a partir de los 3 años.

Las alas de Diego. Jean-Jacques Marimbert. Editorial Edelvives, Zaragoza, 2003.

“Historia triste de un niño sordo harto del esfuerzo diario hasta que siente la música interior que le hace bailar y moverse como las mariposas africanas que le gustan”. Sara

Óyeme con los ojos. Gloria Cecilia Díaz. Editorial Anaya, Madrid, 2000.

“Horacio es un niño sordo que se pasa el día mirando por la ventana la casa de su vecina (Beatriz) que le parece fascinante. Es una casa antigua. Un día, al volver del colegio, se encuentra la puerta abierta y entra. Todo lo que ve le parece maravilloso, se encuentra absorto hasta que se da cuenta de que la dueña de la casa le pregunta quién es y qué hace allí. Él, avergonzado mira hacia abajo y no oye la pregunta; la señora le coge por los hombros y le dice si está sordo; el niño lee los labios y contesta que sí con la voz y lengua de signos …

Todo esto hace pensar a Beatriz, quien poco a poco irá abriendo su puerta y su corazón a Horacio.

El libro me lo regaló una amiga. Lo leí de un tirón, se me saltaron las lágrimas, pero ayuda a entender la naturalidad de los niños, y a perder el miedo a lo diferente que tienen los adultos”.

Regina sugiere que este cuento se lea a partir de los 10 años.

Palabras de caramelo. Gonzalo Moure, ilustraciones de Fernando Martín Godoy. Editorial Anaya. Madrid, 15ª edición 2010.

“Kori es un niño sordo que vive en el Sáhara y que tiene como amigo a un pequeño camello que se llama Caramelo. Kori piensa que Caramelo habla porque mueve la boca y leyendo sus movimientos entiende todo lo que Caramelo le cuenta.

Un libro donde podemos ver que la poesía no está sólo en las palabras que se oyen.

Precioso”. Julia

Por cuatro esquinitas de nada. Jerome Ruillier. Editorial Juventud. Barcelona, 2ª edición 2009.

“Un cuento muy bonito a pesar de su sencillez. Me ha gustado. Os lo reenvío con la frase de El Principito que traía:

Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones. El Principito (Antoine de Saint-Exupéry)”. Viki

The Unheard: A Memoir of Deafness and Africa. Josh Swiller. A Holt Paperback. New York, 2007.

“Mi libro preferido no sólo para explicar la pérdida auditiva a personas desconocidas del tema. Ya conozco a Josh, a raíz de leer su libro y de haberlo presentado a un grupo de lectoras. Ellas alucinaron con él y con el libro, porque es una persona genial con mucho humor, trata a su pérdida auditiva con mucho realismo y no como una discapacidad”. Dale.






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