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Vol. V, núm. 4, periodo enero-febrero 2012
Formulario de autoevaluación.
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¡Tienes correspondencia!

Melissa Grisswold, Clarke Mainstream News, 2010: Vol. 29, no. 3
Toda la clase sabía que la nueva compañera tenía una pérdida auditiva. Todos los alumnos del grupo veían que se comprobaban a diario el estado de los audífonos y del equipo de FM de la alumna, eran testigos de las visitas periódicas del profesor de sordos y se daban cuenta cada vez que la alumna salía de clase para las sesiones de logopedia. ¿Qué es lo que puede oír con los audífonos? ¿Le dolerá al ponérselos? ¿Por qué utiliza también el sistema de FM? Los alumnos se formulaban éstas y otras muchas preguntas pero siendo alumnos de tercero de primaria ¿cómo plantearlas con tacto?
 

“Yo era el bicho raro”, comentaba Rebecca Lavelle, la logopeda que, ante la llegada de la nueva alumna, no tardó en darse cuenta de que era prioritario ayudarle a relacionarse con sus compañeros. Además de ser la única alumna del curso que tenía una pérdida auditiva, también había cambiado de ciudad. “Me propuse encontrar la manera de darle información sobre la discapacidad auditiva a todo el grupo, lograr que adoptaran una actitud más receptiva hacia la alumna y hacerles ver que tenían con ella más cosas en común que diferencias”.
En opinión de la Sra. Lavelle, esta cuestión tenía tanta importancia como el trabajo para mejorar la articulación, si no tenía más, y tanto la tutora como la profesora de sordos, con las que colaboraba, estuvieron de acuerdo con ella. “Uno de los aspectos más importantes en los que había que trabajar era la manera en que la alumna accedía a los contenidos curriculares durante toda la jornada”, explicaba la Sra. Lavelle. Aunque esto parece referirse al currículo académico, abarca bastante más. “¿Cuáles son las reglas que funcionan en las relaciones con los demás? ¿Cómo me las voy a arreglar?”. Éstas eran cuestiones en las que también había que ayudar a la alumna. Para llevarlo a cabo, lo primero era ayudarle a entender mejor su pérdida auditiva con el fin de que pudiera explicar a sus compañeros la experiencia de convivir con ella, cómo conseguía valerse por sí misma y lo que necesitaba que ellos hicieran como compañeros.
Partiendo de este planteamiento, se llevó a cabo una actividad que funcionó muy bien. El equipo (la tutora, la logopeda y la profesora especialista en sordos) decidió colocar en la clase un buzón en el que los alumnos podían dejar sus preguntas generales acerca de la discapacidad auditiva o sobre la pérdida auditiva en particular de su compañera. Los temas que surgieran a partir de estas preguntas ayudarían a planificar una sesión semanal con toda la clase, a la que se denominó “Tema de la semana”. En esta sesión, la Sra. Lavelle daría una breve introducción a todo el grupo sobre la pérdida auditiva y la comunicación (cómo funciona el oído, lo que significa tener una pérdida auditiva, la lectura labial, las ayudas técnicas, las estrategias de comunicación que son de utilidad, etc.). Después de la presentación del tema, se dejaría un tiempo a los alumnos para que planteasen sus preguntas y las dejaran en el buzón.
“Nada más colocar el buzón y explicar su utilidad, se pudo notar la emoción y el alivio de los alumnos”, señalaba Samantha Domingos, la profesora de sordos del equipo de Clarke. “El buzón se llenó casi de inmediato. Lo que más me impactó fue que las preguntas eran inteligentes y oportunas”. Las preguntas o los comentarios se podían dejar en el buzón en cualquier momento y los alumnos se podían identificar o hacerlo de manera anónima. Es interesante destacar que la mayoría de los alumnos decidieron dar su nombre. Estaban interesados en que la alumna tuviera conocimiento de cuáles eran sus dudas. “Deseaban añadir su nombre en las preguntas”, apuntaba la Sra. Domingos, “lo que me pareció fantástico tratándose de niños de esa edad”.
El día anterior a la reunión del “Tema de la semana”, la Sra. Lavelle se reunía con la alumna y realizaban una sesión individual de logopedia. Leían juntas las preguntas del buzón, hablaban sobre ellas y formulaban respuestas. A veces, la alumna sabía la respuesta de inmediato (por ej.: ¿Llevas los audífonos cuando duermes? ¿A veces te resulta molesto llevar audífonos?) Otras preguntas eran más complicadas (por ej.: ¿Cuándo te enteraste de que tenías un problema auditivo? ¿Qué crees que piensa la gente cuando ve los audífonos? ¿Sabes si tu cóclea tiene una forma diferente?). Todo ello hizo posible que la alumna aprendiera más sobre su pérdida auditiva y la prótesis que utiliza, así como la manera de describirlos para que lo entiendan otras personas.
En las reuniones del “Tema de la semana”, la alumna tomaba la iniciativa seleccionando las preguntas y respondiéndolas a sus compañeros. La actividad cumplió ampliamente todas las expectativas que teníamos los adultos. Como la alumna iba bien preparada, se sentía cómoda siendo capaz de responder ella misma a las preguntas. “Tanto la confianza en ella misma como su capacidad de expresarse fueron en aumento”, comentaba la Sra. Lavelle. Cuando se le preguntó a la alumna qué era lo que más le gustaba de la actividad, su respuesta fue: “Lo que más me gusta es responder a las preguntas del buzón, porque veo que  mis compañeros quieren saber acerca de mis audífonos y de mí. Me parece bien… porque algunos no sabían nada acerca de la discapacidad auditiva y ahora sienten que pueden ser mis amigos… Me gusta porque ahora me conocen mejor y he hecho nuevos amigos que tratan de ayudarme a aprender”.
A la vez que la alumna se sentía cada vez más cómoda con sus compañeros, la actividad sirvió también para que éstos se sintieran más cercanos a ella. Fueron capaces de afirmar, refiriéndose a la alumna, “Ella es como nosotros en muchos aspectos”, remarcaba la Sra. Lavelle. Antes de esta actividad, daba la sensación de que sus compañeros creían que la alumna vivía la vida de una persona con discapacidad auditiva, una circunstancia que les era extraña. Cuando se enteraron de que bailaba y escuchaba música, se estableció un vínculo común y tal como la Sra. Lavelle explicaba: “De esta forma, la alumna dejó de ser un bicho raro y se convirtió en una compañera más”. Cuando se les preguntó a sus compañeros qué habían aprendido y que les había gustado más de la actividad, sus respuestas fueron entrañables. He aquí una muestra:
“Fue divertido aprender acerca de los audífonos”. “Me ha servido para tener una mejor relación con ella… solía decirme que me volviera (cuando le hablaba) y ahora sé el motivo”. “Me resulta más fácil ser su amiga porque ahora sé que tengo que hacer para ayudarle”. “Ha sido muy útil porque antes casi no sabía nada de los audífonos”. “Ha sido realmente interesante conocerla mejor y ahora sé de qué lado tengo que hablarle”. “Me hizo gracia que pudiera cambiar el color de los audífonos”.
Para recalcar hasta qué punto fue beneficiosa esta actividad, la Sra. Lavelle añadía: “Cuando les pedí que me dijeran si había habido algo que no les gustaba, que pensaran que era aburrido o que no fuera de utilidad, no se les ocurrió nada. ¡Fue toda una sorpresa!”.
Esta actividad sirvió para sembrar una “semilla de confianza” en toda la clase, que iba creciendo con cada sesión de 45 minutos que realizábamos. La alumna empezó a defender sus derechos durante la jornada escolar. Se le podía escuchar diciendo frases como: “Necesito que te pongas a mi izquierda [su mejor oído]” y “Acuérdate de que no puedo entenderte si no me miras a la cara”. Sus compañeros entendían mejor lo que quería decir, por lo que les costaba menos realizar ajustes. “Tuvimos constancia también de que el resto de los alumnos reflexionaban sobre lo que tenían que hacer, como por ejemplo: ‘Tengo que hacer una presentación, necesito utilizar el equipo FM’ o ‘Tengo que sentarme a su izquierda cuando quiero hablar con ella’. Asumían la parte que les correspondía para ayudar a su amiga”, señalaba la Sra. Lavelle.
A medida que avanzaba el curso, la actividad seamplió a otros temas relacionados con todos los alumnos. Como actividad final, la Sra. Lavelle leyó el libro ¡Sí, soy diferente! de Todd Parr y, a continuación, se sugirió que cada alumno reflexionara sobre aquello que le diferenciaba de los demás. Sus revelaciones e ilustraciones pasaron a formar parte de un libro elaborado por toda la clase. A la página “Sí, tengo una pérdida auditiva” de la alumna se sumaron todo tipo de afirmaciones personales (por ej.: “Sí, ¡me atasco al hablar!, “Sí, mis padres están divorciados”, “Sí, soy bajo”. “Sí ¡me encantan los animales!). Después de haber encontrado que todos teníamos algo en común, esta actividad nos situó a todos al mismo nivel. Sirvió para ensalzar las diferencias que hacen que cada persona sea única y la importancia de enorgullecerse y no avergonzarse de ellas.
Al igual que le ocurre a la niña que se describe en este artículo, en el sistema educativo ordinario se encuentran muchos niños con pérdida auditiva, cuyo caso es único en la clase y, con frecuencia, en todo el colegio. Para sus compañeros, es posible que sea la primera vez que tienen oportunidad de conocer a una persona con pérdida auditiva. Para que todos se sientan más cómodos, es esencial que encontremos formas de abrir un diálogo que tenga continuidad en el tiempo. Hemos podido comprobar repetidamente que la confianza en ellos mismos aumenta cuando perciben el interés de sus compañeros por conocer su pérdida auditiva. Del mismo modo, sus compañeros son más capaces de aceptar socialmente al alumno cuando entienden qué es lo que les ayuda o dificulta la comunicación.
En el caso de esta alumna  también se pone de relieve la importancia de una intervención logopédica que incluya el trabajo en los aspectos de la articulación, pero que además aborde las capacidades que el alumno precisa para desenvolverse a diario en un entorno de personas oyentes. Por otra parte, también pone de relieve el resultado de una colaboración eficaz entre los miembros del equipo. Para que esta actividad funcionara, el profesor de la clase debía reunirse 45 minutos con la logopeda todas las semanas. La logopeda, a su vez, recibía los comentarios de la profesora de sordos, cuyos conocimientos y recursos ayudaban a definir el contenido de las sesiones de la actividad “El Tema de la semana”.
La Sra. Lavelle continúa impulsando esta actividad iniciada el pasado curso. “El ‘Tema de la semana’ es muy parecido al del año pasado”, explicaba, “ya que en la clase de la alumna sólo hay dos alumnos del curso anterior. Cuando empezaron las clases en septiembre, la mayoría de los alumnos no la conocían, así que empezamos desde cero. Además de los temas del curso pasado, hemos añadido otros como la manera en que sus compañeros pueden ayudarle en las excursiones, las asambleas, el recreo y otras actividades. Los compañeros de clase de la alumna siguen abordándome en los pasillos para plantearme preguntas y comentarme de qué manera le están ayudando”. Esto demuestra que es importante que el debate continúe, ya que las situaciones de comunicación y la dinámica de relaciones en el grupo cambian de un año a otro.
Nos interesa conocer las actividades que se están llevando a cabo en los colegios de educación ordinaria en diferentes lugares para fomentar la comprensión y disminuir la sensación de aislamiento, sea cual sea la edad de los niños. Pueden enviar sus relatos a clave@oiresclave.org y los publicaremos en nuestra página web.
Preguntas planteadas a través del buzón:
 
¿Cómo conociste la existencia de los audífonos y del sistema FM? ¿Llevas el FM en el recreo? ¿Prefieres el FM a los audífonos? ¿Cómo sabes cuando los audífonos se han quedado sin pilas? ¿Se ensucian los audífonos? ¿Dónde consigues el equipo de FM? ¿Cuántas personas utilizan el FM diariamente? ¿Por qué tienes que mirar a los labios de la gente si utilizas el equipo de FM? ¿Cómo se conecta el equipo de FM con los audífonos? ¿Cómo funciona el equipo de FM? ¿Sabes si tu cóclea tiene una forma diferente? ¿Cómo funcionan los audífonos? Si vas en un avión, ¿te duelen los oídos al aterrizar? ¿Hacen mucho ruido? ¿Llevas los audífonos cuando duermes? ¿A veces te resulta molesto llevar audífonos? ¿Qué crees que piensa la gente de ti cuando ve que llevas audífonos? ¿Tienes algún amigo con pérdida auditiva? ¿Existen diferentes tipos de audífonos? ¿El FM lo utilizan solamente las personas con pérdida auditiva? Si una persona está muy lejos y lleva el sistema FM, ¿puedes escucharla? ¿Cuánto cuesta el un equipo de FM? ¿Qué haces si se estropean los audífonos? ¿Ha comprado el colegio el equipo de FM?

Me propuse encontrar la manera de informar sobre la deficiencia auditiva a todo el grupo.

Quería hacerles ver que tenían más cosas en común que diferencias.

Consejos para las actividades invernales

Melissa Grisswold, Clarke Mainstream News, 2011: Vol. 30, no. 3
Tuvimos la doble suerte de conocer a Cara Frank que no sólo nos habló de su emocionante carrera como profesional de actividades de ocio y tiempo libre, sino que se ofreció a compartir con nosotros sus experiencias en las pistas de esquí. Aunque su experiencia está basada en la práctica del snowboard, esperamos que sus sugerencias animen a los alumnos, padres y entrenadores a abordar y planificar el acceso a la comunicación en las diferentes actividades deportivas y recreativas que se realizan durante todo el año. Estos son algunos consejos de Cara Frank para esta temporada de invierno:
 

Uno de los problemas en la montaña, ya sea practicando el esquí o el snowboard, es que a menudo no hay nada que indique que una persona tiene una pérdida auditiva, sobre todo si se lleva un gorro o un casco que cubre el dispositivo auditivo que es visible en otras situaciones. Por ejemplo, en una ocasión no me di cuenta de que había llegado el turno para subirme al telesilla porque estaba hablando con un amigo que se encontraba a mi espalda. Hasta que el encargado del telesilla se acercó y me tocó en el hombro no caí en la cuenta de que había decenas de esquiadores que estaban increpándome. Avergonzada, saludé con la mano a la fila de esquiadores enfadados y me apresuré a subirme al telesilla deseando mentalmente salir disparada hacia el cielo y desaparecer.
La verdad es que debería haber prestado atención, haber pedido a mi compañero que me avisara o, al menos, haber informado al encargado del telesilla de mi pérdida auditiva. Dicho esto, podemos aprender de nuestros errores, ganarnos la admiración y demostrarnos a nosotros mismos y a otras personas la importancia de defender nuestros derechos. A la hora de abordar los retos a los que se enfrenta la persona con discapacidad auditiva, es de gran ayuda actuar con antelación para poder disfrutar en situaciones sociales y evitar incidentes como el mencionado. Cuanto más contribuyamos a dar a conocer las dificultades a las que las personas con pérdida auditiva nos enfrentamos en la montaña entre los amigos y compañeros que participan con nosotros en este tipo de actividades, así como entre los monitores de ocio y tiempo libre (profesores de esquí, operadores del telesilla, patrullas de esquí, entrenadores), mejor podremos abordarlas.
Me gustaría ofrecer algunos consejos a las personas con pérdida auditiva amantes de las actividades invernales, basándome en los problemas que suelen encontrarse en las pistas:
El casco de esquí interfiere con mis dispositivos auditivos.
Es preciso elegir un casco adecuado para poder utilizar las prótesis auditivas antes de partir hacia la montaña. El casco debe tener cubiertas de malla sobre las orejas y un pequeño espacio en la parte posterior de las mismas para albergar los audífonos o los implantes. La correa trasera debe quedar por encima de los procesadores. Se deben realizar pruebas con el casco puesto, asintiendo y negando con la cabeza. Un casco cómodo y adecuado permitirá que los dispositivos se mantengan en su sitio. Los cascos GIRO (www.giro.com) son mis preferidos, porque la mayoría de los modelos tienen un espacio detrás de las orejas, además de una rueda en la parte posterior, que permite realizar un ajuste personalizado. También se puede utilizar debajo del casco “una braga” (una banda suave y adaptable que absorbe y aísla, pudiéndose llevar como una bufanda, un pasamontañas o un pañuelo). Este accesorio resulta muy útil para mantener el imán del implante y el procesador en su lugar, además de evitar ajustes accidentales del volumen o el apagado del dispositivo.
Las pilas se agotan con rapidez.
El aire frío puede reducir la vida útil de las pilas. Me ha ocurrido algunas veces que las pilas se han agotado pasados diez minutos, tras comprarlas en una tienda de montaña (que está expuesta al aire frío). Lo que hago siempre es comprar pilas con antelación y guardarlas en mi casa. Es aconsejable llevar pilas extra, cerciorándose de guardarlas adecuadamente. Las pilas diminutas pueden ser atractivas para los niños pequeños y son extremadamente peligrosas si las ingieren. Además, no queremos perderlas en el suelo de la estación de esquí. Es difícil comunicarse.
Cuando te desplazas a gran velocidad, tratando de identificar los obstáculos, al igual que otros esquiadores, e intentas escuchar por encima de los ruidos, como por ejemplo el chirrido del telesilla, la comunicación no resulta fácil. Defiende tus derechos, planifica con antelación e indica las disposiciones que te favorecen, de manera que puedas ver y escuchar mejor a las personas que te rodean. A continuación, sugiero algunas ideas:
• En mi caso, trato de situarme en el lado izquierdo de la cola del telesilla, de manera que mi oído bueno (el derecho) esté cerca de lo que hablan mis amigos cuando nos montamos en el telesilla.
• Recuerda amablemente a tus amigos, señalando hacia tu cara, cuando se olviden de retirarse la máscara de esquí (si ésta obstaculiza la lectura de labios).
• Esquía detrás del grupo para que puedas observar lo que está pasando.
• Cuando desees esquiar delante del grupo, establece puntos de reunión a lo largo de la pista, de manera que podáis reagruparos y tomar contacto cada cierto tiempo. Hay que ser también solidario y recordar que hay que mirar hacia atrás periódicamente para cerciorarse de que el compañero se encuentra bien.
• Cuando os reagrupéis en la pista, debes procurar situarte un poco más arriba de todos tus compañeros (evitando tener al sol de cara). De esta forma, la lectura labial será más fácil, porque la luz caerá sobre ellos y no te cegará. Por esta razón, pide a las personas que van contigo que se detengan en dirección sur en relación a la posición donde estés.
• Acuerda algunas señales visuales con los integrantes del grupo que sean claras y fáciles de comprender a distancia (por ej.: “espérame”, “estoy bien”, “reduce la velocidad”). Se puede ser creativo con los bastones de esquí, aunque hay que tener cuidado, ¡no sea que acabemos pinchando a alguien en un ojo!
• Chocarse con otras personas por no haberles oído llegar no resulta divertido. Se pueden prevenir los encontronazos, siendo conscientes del entorno que nos rodea:
o Se debe tener en cuenta que las personas que van por delante tienen derecho de paso y hay que respetarlo.
o No debes detenerte en lugares donde se obstruya el paso en una pista o donde no seas visible desde arriba.
o Al iniciar una bajada o incorporarte a una pista, hay que mirar hacia arriba y ceder el paso a otras personas.
No puedo escuchar a otros esquiadores cuando se acercan.
 
Ponte de acuerdo con otra persona que desempeñe el papel de “compañero en la retaguardia”. Con este sistema, los oídos del compañero serán los tuyos, esquiará detrás de ti a una distancia razonable y “bloqueará” a los esquiadores que se acerquen, permitiendo que tengas un espacio amplio. A algunas personas les resulta útil llevar un chaleco de color neón/naranja brillante con el rótulo “esquiador sordo”, de manera que otros esquiadores lo vean y tengan cuidado al aproximarse. Alguna vez he pensado en colocarme una pegatina de color brillante en la parte posterior del casco que diga: “¡PITA TODO LO QUE QUIERAS, SOY SORDA!”
Mi monitor/entrenador de esquí y/o el encargado del telesilla no entienden mis necesidades de comunicación.
No hay que ser tímido, sino que hay que informar a otras personas acerca de la pérdida auditiva y de los métodos que utilizas para comunicarte. Si causas una buena impresión, te recordarán la próxima vez que tengan que atenderte y se dirigirán a ti correctamente. Otros aspectos que hay que considerar:
• Antes de que empiece la temporada invernal, se recomienda solicitar a la estación de esquí que la política de comunicación que facilite su personal incluya rutinariamente gestos manuales (es decir, los miembros de la patrulla de seguridad podrían realizar un movimiento descendente con las manos cuando digan: “¡reduzcan la velocidad!”).
• Antes de que empiecen las clases prácticas, es frecuente que los instructores y los entrenadores faciliten instrucciones en recintos cerrados. Aprovechando la circunstancia de que en ese momento nadie lleva cascos, gafas o guantes, elige uno o dos temas que consideres importantes, reflexiona sobre lo que necesites y plantéaselo a las personas que son claves en la organización. Una vez que dispongas de un plan con tus compañeros de equipo, podrás ir corrigiendo cualquier problema que surja.
• Si formas parte de un grupo (por ejemplo, un equipo de esquí o una clase en grupo), podrías realizar alguna actividad informativa acerca de tu pérdida auditiva, acompañada de una sesión de preguntas y respuestas.
• Ponte de acuerdo con un amigo o bien otro participante del grupo que esté dispuesto a repetir las instrucciones cuando sea necesario.
• Anima a las personas a que faciliten instrucciones o se comuniquen con señales visuales.
• Existe un gran número de organizaciones de esquí adaptado que disponen de instructores con la formación y los conocimientos necesarios para tratar con esquiadores con necesidades específicas. Estos monitores tienen a menudo formación diversa y pueden realizar el entrenamiento de manera individualizada. En el caso de las personas que deseen clases particulares con el propósito de mejorar su nivel de esquí, merece la pena investigar esta posibilidad.
Como he mencionado anteriormente, en ocasiones nuestra dificultad principal es que no existe nada que indique que tenemos una pérdida auditiva. Creo que lo mejor es exponer la situación con toda claridad. El mensaje debe ser breve, claro y directo, con un toque de simpatía. Y recuerda: tanto si eres un profesional del esquí o un esquiador con una pérdida auditiva, en caso de duda, lo mejor es preguntar. Contribuirás a que se comprenda mejor a las personas con una pérdida auditiva, ayudarás a que se aborden las dificultades y, por último, es posible que aprendas algo nuevo de ti mismo.
¡Cuídate y diviértete deslizándote por las pistas!
Un saludo cordial,
Cara

Hay que informar a otras personas acerca de la pérdida auditiva y de los métodos que utilizas para comunicarte.

Estimados padres de niños con discapacidad auditiva

Claire Blatchford, Mainstream News, 2010: Volumen 29, no. 3
Me alegra dirigirme a ustedes en esta columna. Estoy realmente emocionada porque la pasada primavera realicé una encuesta a 28 adultos jóvenes con pérdida auditiva con una relación amplia de preguntas que hacían referencia a la confianza en uno mismo. Las respuestas ponían de relieve el papel fundamental que sus padres desempeñaron, y siguen desempeñando, en el desarrollo de la confianza en ellos mismos.
 

Para empezar, les interesaría saber que 23 de estos jóvenes mencionaron a ambos padres, y en particular a sus madres, como su principal fuente de apoyo desde una temprana edad. También es verdad que dos de los jóvenes dijeron que sus padres se habían involucrado demasiado en sus vidas “rondando”, “entrometiéndose” o preocupándose en exceso y que este hecho había mermado la confianza en ellos mismos, en lugar de afianzarla. Sin embargo, los 23 jóvenes que acabo de mencionar expresaron un inmenso agradecimiento a sus padres. Aunque en muchas ocasiones esto ocurre en el día a día, se pudieron constatar, a través de los cuestionarios, ocho formas fundamentales de recibir apoyo por parte de los padres. Son las siguientes:
Mientras los niños eran pequeños, los padres fueron su voz en el mundo de los oyentes. Los padres solicitaban y en ocasiones insistían para  que se dieran las condiciones que ellos pensaban que más podían favorecer a su hijo, ya fueran unos audífonos mejores, el uso de la amplificación en el aula, la utilización de subtítulos, etc. Era evidente que algunos padres habían hecho lo imposible por conocer la naturaleza de la pérdida auditiva de su hijo y las posibilidades que le ofrecía la tecnología moderna.
Algunos padres no sólo eran la voz de su hijo en el mundo de los oyentes, sino que desde el inicio, también esperaban en que sus hijos con el tiempo asumieran esta labor en la medida en que iban  creciendo. Los padres incluían a sus hijos en las reuniones del DIAC, en otros debates escolares y en los encuentros sociales y públicos. Estas palabras son de una joven que habla de su madre: “Tengo muchos recuerdos de sus reuniones con los profesores al inicio del curso y me acuerdo de que me llevaba a todas. Cuando era una niña siempre insistía en que me pidiera el menú en los restaurantes, cosa que no me gustaba hacer. Me sentía frustrada cuando los camareros no podían entenderme y solía mirar a mi madre con una expresión de confusión. Era entonces cuando les decía: ’Dígale que lo repita si no le han entendido’. Ahora le estoy muy agradecida por estas enseñanzas”.
Se esperaba de estos jóvenes lo mismo que de sus hermanos en cuanto a su comportamiento y a la responsabilidad que debían ir asumiendo tanto en casa como en el colegio. Aunque hubo varios jóvenes que lo manifestaron, uno de los encuestados resumía muy bien este punto: “Ellos [mis padres] siempre hacían que me sintiera ‘normal’. Así que, cuando empecé a tomar conciencia de que la gente podía no tratarme como a una persona normal, no le di demasiada importancia”.
La mayoría de los padres, y en dos casos también los abuelos, animaban a sus hijos o nietos a que averiguaran cuáles eran sus puntos fuertes y las cosas que le apasionaban y a que intentaran llegar tan lejos como pudieran. Un joven se convirtió en un experto en montar y hacer volar aviones a escala. Muchos jóvenes mencionaron la importancia de descubrir que eran buenos en los deportes y que se les animó a que formaran parte de un equipo. En palabras de uno de los encuestados: “Ella [mi madre] me inculcó confianza en mi verdadero potencial desde una edad temprana”. Otro encuestado fue más rotundo: “Mis padres me repetían una y otra vez (“me machacaban”) que podría hacer lo que quisiera, siempre y cuando me lo propusiera”.
Dando un paso más sobre el punto anterior: varios padres o bien buscaban oportunidades que no surgían habitualmente o animaban a sus hijos a buscarlas y a asumir riesgos. Una joven encontró su primer empleo a través de su padre: “Me ayudó a dar el primer paso”. Un chico joven que llegó a convertirse en un esquiador nórdico ganador de varios premios, descubrió una oportunidad on-line para enseñar esquí en Nueva Zelanda y, cuando sólo tenía 19 años, sus padres le permitieron que lo hiciera. A todos los encuestados se les animó a estudiar en la universidad. Algunos ya cuentan con títulos de posgrado o se encuentran en proceso de obtenerlos.
Varios encuestados apreciaron el hecho que aunque sus padres fueran oyentes entendieran su necesidad de conocer a otros niños como ellos. Algunos habían asistido a eventos de la Asociación Graham Bell y Asociación Americana de la Pérdida Auditiva, así como al campamento de verano de Clarke. Más adelante, algunos de ellos además tuvieron oportunidad de trabajar en estas organizaciones como asesores. Ser capaces de hablar abiertamente acerca de su experiencia con la pérdida auditiva les sirvió para desarrollar la confianza en ellos mismos. Un joven escribió: “Ellos [mis padres] me dicen que soy un ejemplo para los niños con discapacidad auditiva y que se sienten orgullosos de lo mucho que he trabajado para apoyarles”.
Varios padres proporcionaron a sus hijos “numerosas estrategias cognitivas y sociales”. Este término fue empleado por un encuestado. No explicó a qué se refería, pero las palabras se me quedaron grabadas y, a medida que leía, empecé a ver las “estrategias” que estos padres habían inculcado a sus hijos. En palabras de una joven: “Mis padres me ayudaron a tener confianza en mí misma manteniendo conmigo conversaciones sobre cómo defender mis derechos desde una edad muy temprana”. Otra joven comentaba que su padre le había ayudado a aprender de una mala experiencia (un suspenso) y a salir de ella. Otro joven hablaba de que su padre repasaba con él los deberes todas las tardes cuando era niño. Gracias a ello, aprendió a revisar su trabajo y estos pequeños pasos en el día a día le permitieron tener éxito académico. Tres de los jóvenes señalaron que sus madres les habían impulsado a reflexionar sobre lo que hace posible comunicarse eficazmente con los demás (Desde abandonar la costumbre de “engañar” hasta el hecho de abrirse a los demás para darnos a conocer).
El último punto, aunque en realidad es el más importante, es que la mayoría de estos jóvenes eran conscientes de que sus padres siempre estaban cuando les necesitaban, y seguían  estando, a su lado. Los comentarios que resaltan este punto pueden parecer escuetos, pero son de gran importancia:
“Mis padres eran mis fans número uno”. “Recuerdo que ella [mi madre] solía decirme con calma que podía hacerlo… ¡y realmente podía!”. “Mi padre venía a todos los partidos”. “Mis padres son el mejor ejemplo de cómo debo comportarme”. “Me gustaría parecerme a mi madre”.
Espero que les haya servido de inspiración. A mí me sirvió como persona sorda y como madre.

Mi madre me ayudó a descubrir mi verdadero potencial desde bien pequeño.

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