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Vol. VI, núm. 3, periodo enero-febrero 2013





Formulario de autoevaluación.

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Consejos para oír bien
Información relacionada con el tratamiento audiológico de los alumnos con pérdida auditiva en los centros ordinarios

Melissa Griswold, Clarke Mainstream News, 2011: Vol. 31, no. 3.




Preguntas y respuestas. Lo que los profesores desean saber acerca de los sistemas de FM

En el boletín anterior, los audiólogos de Clarke nos ayudaron a revisar la utilización y la colocación correctas de los micrófonos de FM. El conocimiento del funcionamiento básico del sistema FM es el primer paso para facilitar al alumno el mejor acceso posible a lo que habla la persona que utiliza el transmisor/micrófono de FM. Si bien su uso puede parecer fácil, sabemos que el día a día en un centro educativo ordinario no siempre es sencillo, ya que surgen situaciones que pueden hacer que los profesores no se sientan seguros acerca del uso o el mantenimiento del sistema. Por lo tanto, hemos formulado a nuestros audiólogos una serie de preguntas que suelen plantear en los centros educativos ordinarios a nuestros profesores de sordos. En futuras ediciones, abordaremos más preguntas y animamos a los lectores a que nos envíen las dudas que tengan sobre el sistema de FM a la siguiente dirección clave@oiresclave.org

P    ¿Qué debo hacer si he olvidado poner a cargar el sistema de FM?

R Si el FM no se ha cargado, hay una serie de medidas que se pueden adoptar antes de dejar de utilizarlo ese día. En primer lugar, los profesores suelen llegar por la mañana a  clase antes que los alumnos, por lo que conviene adquirir el hábito de comprobar el sistema de FM nada más llegar. En el caso de que no se haya cargado durante la noche, se debe conectar de inmediato antes de que lleguen los alumnos y se comience con las actividades de la mañana y, más adelante, se debe conectar de nuevo durante el tiempo de comedor y siempre que el sistema no se esté utilizando. A menudo, estas medidas suelen ser suficientes para que el sistema se pueda utilizar durante la jornada. Los nuevos sistemas de FM necesitan menos tiempo para cargarse. En una hora se pueden haber cargado al 80% y en dos horas al 100%. Consulte con el audiólogo del alumno para averiguar el tiempo de carga que necesita su sistema en concreto.

En algunos sistemas de FM, se pueden retirar las pilas recargables y reemplazarlas con pilas de litio durante la jornada escolar, por lo que puede resultar muy útil tener a mano este tipo de pilas. No obstante,  deberá colocar las pilas recargables de nuevo en el sistema antes de ponerlo a cargar al final de la jornada. No olvide que el sistema se estropeará si se pone a cargar con las pilas de litio. Insistimos, una vez más, en que se debe consultar con el audiólogo las características del modelo concreto que utiliza el alumno y disponer de la  posibilidad que antes hemos comentado.

Si el sistema de FM no se puede cargar a tiempo para utilizarlo por la mañana, deberá poner especial cuidado en llevar a cabo adaptaciones de acceso (ofrecer a su alumno un asiento preferencial, situarse más cerca, facilitarle apoyo visual y comprobar con frecuencia su grado de comprensión).

P    ¿Cuál es la mejor manera de limpiar el transmisor/micrófono de FM? Me preocupan los gérmenes, ya que el equipo lo van a utilizar un gran número de adultos y alumnos.

R Con un paño adecuado (sin jabón ni agua) se pueden limpiar los transmisores y los micrófonos para reducir la propagación de los gérmenes. La primera recomendación es utilizar Audio Wipes™, unas toallitas desinfectantes sin alcohol que se pueden adquirir a través del audiólogo o en Internet. Nos pusimos en contacto con la audióloga Solange Anderson, gerente de pediatría de la zona nordeste de Phonak, para obtener información sobre otras opciones. Los algodones con alcohol (como los que tendrá a su disposición la enfermera escolar) podrán secar la cubierta del cable del micrófono con el tiempo. No obstante, Solange nos explicó que es probable que el micrófono se deba sustituir, debido al desgaste normal por el uso, antes de que el empleo de una gasa con alcohol cada cierto tiempo pueda provocar una avería grave en un transmisor. Dicho esto, nos dejó claro que todo lo mencionado con anterioridad solo se aplica a los sistemas de FM. Los audiólogos suelen advertir sobre el uso prolongado de alcohol puro, no recomendándose su uso en la limpieza de los moldes de los alumnos. Las toallitas desinfectantes que se suelen utilizar en la limpieza de las superficies del hogar/aula son otra alternativa para limpiar los transmisores/micrófonos de FM. Solange nos ofreció además los siguientes consejos para mantener limpio el equipo:

•    Facilitar a cada profesor su propia cubierta de espuma para el micrófono de solapa o diadema, reemplazándola cuando sea necesario.
•    Limpiar todo el cuerpo del transmisor y dejarlo secar al aire antes de su utilización.
•    Limpiar la parte superior de los micrófonos de solapa, no la parte frontal. La parte superior no contiene puerto del micrófono. (El Phonak Inspiro, por ejemplo, lleva dos micrófonos que aparecen como puntos en la parte frontal y no se deben humedecer).
•    En el caso de que se tape accidentalmente la salida del micrófono con líquido, se deberá retirar el exceso de líquido y dejar secar al aire antes de utilizarlo.
•    Limpiar la parte de la carcasa exterior de un micrófono móvil donde se sujeta con la mano.

P    Tengo un tono de voz alto. ¿Debo utilizar el sistema de FM? Me preocupa dañar los oídos del alumno.

R En primer lugar, puede tener la seguridad de que no dañará los oídos del alumno. La señal de FM llega a los audífonos o implantes cocleares, por lo que el FM no amplificará el sonido por encima de los límites establecidos en los audífonos o implantes cocleares. Su función consiste en hacer que los sonidos que se producen a distancia, lleguen al alumno a través de su ayuda técnica, contrarrestando el ruido de fondo y la reverberación. Aunque su tono de voz sea alto, le resultará imposible situarse constantemente a pocos metros del alumno o eliminar todas las fuentes de ruido de fondo y reverberación. La nueva tecnología de FM puede regular la intensidad en función de los diferentes estilos de los oradores, de manera que la entrada que recibe el niño siga siendo apropiada y los audífonos/implantes cocleares impiden que los tonos de voz altos se escuchen con un volumen excesivamente elevado.

A pesar de la tentación de colocar el micrófono alejado de la boca para compensar un tono de voz alto, el micrófono se debe colocar siempre a una distancia de entre 15 y 20 cm de la boca, ya que es la distancia a la que la programación del sistema de FM se determina y se somete a prueba con las ayudas técnicas del alumno. En el caso de que el alumno indique que el volumen de FM es demasiado elevado, se deberá notificar al profesor de sordos y al audiólogo para que determinen la causa.

P    Con respecto a las clases de educación física, ¿no es el equipo de FM demasiado caro y delicado como para utilizarlo en estas clases?

R Con frecuencia se piensa que no se deben usar los sistemas de FM en las clases de gimnasia, pero son sistemas para llevarlos normalmente, por lo que no tienen por qué averiarse. De hecho, la clase de educación física es uno de los entornos en los que más se necesita el sistema de FM. Incluso cuando el profesor emplea un tono de voz alto, hay que recordar que el sistema de FM no amplifica el sonido, sino que lo hace llegar a los audífonos o los implantes cocleares del niño, contrarrestando la distancia, el ruido y la reverberación, que suelen representar una dificultad considerable en este entorno. Sin el sistema de FM, es probable que el niño no capte las indicaciones al comienzo de la clase o las que se dan durante las actividades, lo que puede dar lugar a situaciones incómodas para el alumno e incluso puede facilitar que se lesione (por ejemplo, cuando el niño no escucha la indicación de “¡alto!” o “¡cambio de sentido!”). Una pequeña advertencia: se debe tener cuidado con el sistema de FM cuando se utilice un silbato. Del mismo modo que a un niño oyente le resulta molesto estar al lado del profesor cuando éste hace sonar el silbato, puede ocurrir cuando pita en el micrófono de FM.

P    Si hay varios alumnos que utilizan el sistema de FM y todos asisten a una asamblea escolar, ¿deberá utilizar el orador varios transmisores de FM?

R Cuando varios usuarios de FM se encuentran en un mismo lugar, los sistemas de FM se pueden sincronizar en el mismo canal, de manera que solo se necesite un transmisor, independientemente de la marca del sistema de FM que utilicen cada uno de los  alumnos (es decir, un alumno puede tener un sistema de FM Oticon y otro alumno un sistema de FM Phonak). Con la configuración correcta, los alumnos sincronizan el sistema en un canal al incorporarse a la asamblea y se entrega un transmisor al orador principal. Las necesidades de cada alumno en relación con el sistema de FM se deben programar, de manera que el canal común esté disponible para ser utilizado en las reuniones o asambleas. Cuando los alumnos regresan a sus aulas respectivas, solo tienen que volver a sincronizar sus canales individuales.

La clave para que este proceso funcione sin problemas es disponer de un audiólogo que coordine. Lo idóneo es que el proceso se implemente antes del inicio del curso escolar, proporcionando la formación necesaria sobre la sincronización de los sistemas de FM al personal del centro.

P    ¿Puede mi alumno utilizar los auriculares cuando escucha a través del ordenador?

R Suele ser habitual que un alumno con una pérdida unilateral utilice auriculares pero, en el caso de un alumno con un implante coclear o audífonos bilaterales, la utilización de auriculares sobre las ayudas técnicas es incómoda y genera un sonido silbante que se conoce como retroalimentación. En estos casos, existen otras alternativas disponibles. Por ejemplo, un sistema de FM se puede conectar directamente a la toma del ordenador donde se conectan  los auriculares. También es posible que el alumno pueda conectar su audífono o implante coclear directamente a los dispositivos informáticos portátiles (por ejemplo, un iPod), dejando a un lado el sistema de FM. Como estas soluciones requieren cables de audio con los que probablemente usted no esté familiarizado, hable con la familia o con el audiólogo del alumno para informarle de los recursos tecnológicos que usted emplea en  su clase a fin de que le indiquen cuáles son los apropiados para el alumno y cómo pueden servir de ayuda. Puede ser de gran utilidad ir capacitando a los alumnos, según van avanzando de curso, para que sepan como conectarse a la última tecnología, ya sea con el sistema de FM o directamente a través de los dispositivos personales que utilizan para oír.

Los sistemas de FM son adecuados en diferentes situaciones de escucha en el entorno escolar. Las preguntas y los consejos que se facilitan en este artículo ponen de manifiesto la importancia de que se lleve a cabo una buena gestión audiológica. La comunicación entre el audiólogo del alumno y el personal escolar hace posible que se identifiquen y aborden las distintas situaciones de escucha con las que se encontrará el alumno. El audiólogo puede realizar ajustes o sugerir opciones de conexión de las ayudas protésicas que pueden permitir la mejora del acceso a la información del alumno. A su vez, el personal escolar puede poner en conocimiento del audiólogo los problemas que detecte el propio alumno con el fin de solucionarlos de una manera rápida y precisa.

Resumen realizado por Melissa Griswold, MED, con un agradecimiento especial a las audiólogas del Centro de audición de Clarke, Dra. Kathryn Girardin, directora, y Dras. Christine Kelley, Joni Skinner, Amy Catanzaro y Emily Bambacus.

Proporcionar  a cada profesor su propia cubierta de espuma para el micrófono de solapa o diadema. Reemplazarla cuando se necesite.


Tejiendo redes. Entre los alumnos sordos o hipoacúsicos

Melissa Griswold, Clarke Mainstream News, 2011: Vol. 31, no. 3.




Mary Alibrandi, profesora de sordos, colaboradora invitada. Sayville Learning Center, Sayville, NY.

NOTA DEL EDITOR: En la primavera pasada, Mary Alibrandi nominó a una alumna de cuarto de Primaria que utiliza implantes cocleares bilaterales, Gillian, en reconocimiento a sus méritos, en nuestra celebración anual Niños con personalidad. A través de los correos electrónicos, que nos hemos intercambiado, hemos podido conocer mejor el trabajo de Mary, su profesora especialista en sordos, y nos ha llamado mucho la atención su compromiso en lograr que los alumnos con pérdida auditiva se relacionen entre ellos. Mary ha tenido la amabilidad de contribuir a esta edición del boletín como colaboradora invitada. Tenemos la esperanza de que, al compartir lo que a ella le funcionó bien con Gillian y otros alumnos, los lectores se sientan inspirados y encuentren la manera de que los alumnos integrados en los centros educativos ordinarios puedan estar en contacto. Mary considera que, siendo justos, el éxito de las actividades realizadas en su distrito se ha debido al esfuerzo de los padres, los alumnos y el personal escolar. También se necesita la dedicación de profesores como Mary para que estas ideas arraiguen. Con un amplio conocimiento de la pérdida auditiva, los profesores de sordos desempeñan un papel clave en el apoyo al desarrollo académico, social y emocional de los alumnos. En este sentido, Mary es un modelo a seguir para sus alumnos. –M. Griswold

Los niños con pérdida auditiva que están integrados en los centros educativos ordinarios se enfrentan a numerosas dificultades en el día a día. En cada jornada estos alumnos afrontan la presencia los ruidos extraños, el ritmo rápido de las clases, los compañeros que hablan rápido (“charlatanes” como los llama uno de mis alumnos) y el mal funcionamiento o mal uso del sistema de FM. Sin embargo, la queja más habitual es que, en muchas ocasiones ellos son los únicos alumnos del colegio que tienen una pérdida auditiva. Nadie entiende verdaderamente los obstáculos a los que se enfrentan; no hay nadie más en su misma situación. Entablar amistad con otros alumnos con sordera o hipoacusia juega un papel muy importante de su desarrollo social y emocional.

En la zona este de Long Island (Nueva YorK) hay más de 56 distritos escolares que abarcan un extenso territorio. Diecisiete profesores de sordos trabajan con más de 200 alumnos con pérdida auditiva que viven en estos distritos. Actualmente, se están llevan a cabo iniciativas para que los alumnos con deficiencia auditiva de estos centros entablen relación, mientras que, en épocas anteriores, las iniciativas se centraban en poner en contacto a niños de la misma edad, el mismo curso e idénticas aficiones. Entre los ejemplos, se pueden citar programas de “amigos por correspondencia” y eventos destinados especialmente a personas con pérdida auditiva (realizar recorridos por la ciudad de Nueva York, patinaje, juegos, etc.)

Otra experiencia que se llevó a cabo fue poner en contacto a alumnos de diferentes edades. Un compañero de mi trabajo solía leer a los alumnos de secundaria “Lo que a mí me ha ido bien: adultos jóvenes con pérdida auditiva se dirigen a los adolescentes” de Claire Blatchford (publicado por Clarke Mainstream Services). Este libro es una recopilación de ensayos escritos por adultos jóvenes con sordera o hipoacusia en el que hablan acerca de sus experiencias escolares. Después de la lectura, se realizaban actividades que culminaban en la redacción de ensayos por parte de los alumnos de secundaria sobre “lo que les había ido bien a cada uno de ellos “, ensayos que se compartían con alumnos más pequeños. A los alumnos les encantaba leer los ensayos y, con frecuencia, pedían fotografías suyas y la posibilidad de escribirles planteando más preguntas. En concreto, en un colegio de secundaria donde cursaban estudios cinco alumnos con pérdida auditiva, los alumnos formaron un club que se reunía mensualmente y también realizaban otras actividades fuera del colegio.

No obstante, se planteó otra idea aprovechando que los alumnos de secundaria de nuestro programa acudieron en busca de oportunidades para realizar servicios comunitarios.  Con la cooperación de los alumnos más pequeños y sus padres, se establecieron visitas mutuas entre los alumnos mayores y los pequeños, en las que charlaban, salían a nadar, paseaban en bicicleta o compartían algún juego. Algunos padres incluso consiguieron que uno de ellos les  hiciera de  canguro, ¡un gran modelo a imitar para los niños pequeños!. En una ocasión, uno de los padres pidió a uno de los alumnos mayores que ayudara a su hijo en el programa de educación religiosa. Algunas de estas relaciones se han seguido manteniendo después de finalizar la etapa de secundaria.

A todos los que estamos involucrados en estas experiencias nos ha impactado especialmente la relación que se ha creado recientemente entre un grupo de alumnos “que difícilmente hubieran coincidido” ya que provienen de diferentes partes de Long Island, son de distinto sexo, distinto curso y tienen distintas aficiones. Un alumno de último curso de secundaria, que perdió la poca audición que le quedaba en el primer año de dicha etapa y al que le acababan de colocar un implante coclear, no solía quejarse a sus amigos y  tampoco a su familia, pero le afectaban profundamente el sentimiento de sentirse solo y las limitaciones que sentía a causa de su pérdida auditiva. Gillian, una alumna de cuarto curso con implantes cocleares bilaterales, solía preguntarme a menudo qué tal les iba en el colegio a mis otros alumnos con pérdida auditiva. Brendan, un alumno de quinto curso con audífonos, trataba constantemente de relacionarse con otras personas que tuvieran algún tipo de pérdida auditiva.

Cuando planificaba las sesiones para ayudar a uno de mis alumnos de secundaria a informarse mejor sobre el implante coclear y sus posibilidades, quedó patente que éste se sentía frustrado con las palabras y el aliento que venía recibiendo del “mundo de los oyentes”. Gillian, como siempre, necesitaba saber los retos diarios y las preocupaciones de los alumnos de secundaria que participaban en el programa antes de empezar la clase sobre cómo redactar una carta a un amigo. A partir de esta experiencia se nos ocurrió una idea. Gillian escribió una carta a uno de mis alumnos de secundaria interesándose por sus implantes cocleares, su afición por la música y el baile, ofreciéndole algunos consejos prácticos sobre cómo escuchar mejor la música con el implante. Brendan, al enterarse de la carta de Gillian, también se decidió a redactar otra carta, en la que describía su pasión por los deportes y, en concreto, el béisbol. Le pedí a mi alumno de secundaria (que era un gran aficionado al béisbol) que le diera algunos consejos sobre la manera de funcionar con sus entrenadores durante el partido para mejorar su capacidad de escucha.

Cuando a mi alumno de secundaria le llegaron estas cartas, reaccionó con casi la única sonrisa que le habíamos podido ver durante todas las sesiones de apoyo. Respondió a los alumnos más pequeños, contestando a sus preguntas, dándoles consejos y empezó a interesarse por Gillian y Brendan con cierta frecuencia. Hubo más cartas, si bien tampoco una cantidad exagerada, y la profesora de sordos desempeñó el papel de intermediaria en las últimas noticias de este pequeño grupo. Tuvimos la suerte de que estos alumnos provenían de familias muy involucradas y activas en todo lo relativo a la pérdida auditiva, dispuestas a aprovechar todas las oportunidades  para que sus hijos se relacionaran y muy conscientes de la educación de sus hijos. Todos estaban decididos a que se mantuviera esta relación a lo largo del curso escolar. El evento culminante (el “gran evento”, como terminó llamándose) consistió en una reunión de estos tres alumnos en el colegio de Gillian y Brendan en junio. Para celebrar esta reunión, se realizó una planificación minuciosa y se contó con la colaboración de los profesores, los directores del centro y los padres.

Gillian y Brendan prepararon para sus compañeros presentaciones de PowerPoint donde explicaban su pérdida auditiva y la tecnología relacionada. Su amigo de secundaria también preparó su propia presentación sobre lo que significaba convivir con una pérdida auditiva.  El “gran encuentro” se inició con un desayuno (cada niño aportó algún alimento) y presentaciones en grupos pequeños. La conversación entre estos niños continuó, de la misma manera que a través de sus cartas, compartiendo sus experiencias como niños que conviven  con una pérdida auditiva y riéndose de las diferentes situaciones que habían experimentado. Mi alumno de secundaria se convirtió en un héroe para Brendan (que llevaba una gorra y un jersey de los Yankees en su honor) y en un amigo para Gillian.  Gillian y Brendan ayudaron a su amigo mayor a exponer sus dificultades y a formular algunas estrategias para escuchar mejor. A los adultos que estábamos en la sala nos quedó claro que nuestra presencia no era deseada y que tampoco se necesitaba nuestra intervención. Se tenían los unos a los otros: otros niños en su misma situación que les entendían. Cuando llegó el momento de las presentaciones individuales, el público compuesto por sus compañeros de clase, los profesores y el personal del centro se quedó asombrado. La presentación de mi alumno de secundaria fue elocuente al expresar su miedo y decepción ante la pérdida total y repentina de la audición. Los niños y los adultos bombardearon a los tres niños con preguntas solidarias. La presentación se alargó mucho más tiempo de lo previsto, pero todavía fueron mayores sus beneficios. Al final de la reunión, los niños más jóvenes entregaron a su amigo de secundaria una beca que había ganado a través del Programa para alumnos sordos/hipoacúsicos del condado de Suffolk. ¡Otra sonrisa!

Para poner en contacto a unos alumnos con otros se necesita tiempo, energía, la dedicación de los padres, miembros de la comunidad dispuestos a colaborar y niños especiales, pero el resultado de forma inmediata y permanente es beneficioso para todos. Los niños más pequeños no son los únicos que se benefician de estas relaciones, sino también los padres, las familias y los colegios que tienen mucho que ganar. Es posible que el mayor beneficio se observe en los alumnos de más edad. Da la impresión que ser amigos/mentores de alumnos más jóvenes les ayuda a comprenderse mejor y refuerza su autoestima, por no mencionar ¡que ganan un nuevo amigo (pequeño)!

Extractos de las cartas de los alumnos

… Tengo 10 años. ¿Qué tal estás? Tengo una pérdida auditiva y creo que llevas un implante coclear ¿verdad? Mi deporte favorito es el béisbol… Hay algunas preguntas que me gustaría hacerte:

•    ¿Se burlan de ti los demás?

•    ¿Qué haces cuando hay mucho ruido en clase?

Estoy deseando que vengas a mi colegio…

… Yo llevo implantes cocleares como tú. Tengo 9 años. Mi color preferido es el verde.  Me encanta escuchar con el iPod (utilizo los altavoces). ¿Qué es lo que más te gusta? ¿Es difícil escuchar en una clase de secundaria? ¿Te sientes siempre cansado después del colegio?…

En general, la gente no se burla de mí… Mis amigos hacen bromas sobre mi audición y la mayoría de las veces me parecen graciosas, no ofensivas. Si la gente se burla de ti, no es el fin del mundo. A medida que crezcas, la gente se volverá más amable, sobre todo cuando te conviertas en una persona adulta.

Si en la clase hay mucho ruido, suelo sentarme en la primera fila o se lo digo al profesor. Si no quieres decírselo al profesor, habla con tus padres. La mayoría de los profesores son amables y harán todo lo que puedan para ayudarte…


¿Tiene algún relato que compartir sobre su trabajo con los alumnos integrados en el sistema educativo ordinario? En Mainstream News le invitamos a que nos envíe su relato. Póngase en contacto con nosotros enviando un correo electrónico con un resumen del artículo a clave@oiresclave.org


La queja habitual entre los alumnos con pérdida auditiva integrados en colegios ordinarios es  que, muchas veces, ellos son los únicos alumnos que tienen una pérdida auditiva.

… nos quedó claro que no se deseaba ni necesitaba nuestra intervención. Se tenían los unos a los otros: otros niños que les entendían.

Siguiendo la corriente: Carreras profesionales. Adultos con pérdida auditiva en el mundo laboral. PARTE III.

Por la escritora y profesora Claire Blatchford, Clarke Mainstream News, 2011: Vol. 31, nº. 3.





Como profesora -quiero decir que no hay nada comparable a ver cómo se ilumina el rostro de un alumno cuando descubre algo que no conocía – me alegra incluir en esta serie de artículos sobre carreras profesionales el ejemplo de un excelente profesor que tiene una pérdida auditiva.

Justin Christensen nació y creció en California y, a la edad de tres años, le diagnosticaron una pérdida auditiva. Profundamente agradecido al personal del centro que actualmente es la Auditory Oral School de San Francisco, Justin guarda buenos recuerdos de sus primeras experiencias escolares. Después de un periodo escolarizado en este colegio, pasó al sistema educativo ordinario donde cursó todos sus estudios. Justin tiene una pérdida de audición bilateral grave-profunda y lleva un implante coclear y un audífono. Obtuvo la licenciatura en Ciencias Políticas y Bienestar Social en la Universidad de California en Berkeley. Cuando se le preguntó acerca de quienes le habían influido más en su vida, respondió: “Mis padres son mi mayor apoyo. Su amor incondicional hizo posible que creyese en mí mismo”.

Siendo tutor de un grupo de alumnos en un programa de boy scouts, al mismo tiempo que seguía estudiando en la universidad, llegó a la conclusión de que quería ser profesor. También se dio cuenta de que para serlo necesitaba una formación específica. Envió solicitudes a varios programas de formación de profesorado, estudió en Harvard un Máster en Enseñanza y Diseño Curricular y, actualmente, imparte clases de Historia Mundial, Gobierno y Política en EE.UU. en el St. Ignatius College Preparatory de San Francisco, California, un centro de secundaria con unos 1.450 alumnos.

Justin Christensen, PROFESOR DE SECUNDARIA. A continuación, en palabras de Justin, exponemos un resumen de su vida profesional:

Este es mi octavo año como profesor. Únicamente he impartido clases en St. Ignatius. Soy docente de cuatro de los grupos compuestos por 30, 27, 28 y 19 alumnos respectivamente, y tengo clase con cada uno de los grupos cuatro veces a la semana durante cincuenta minutos. También he sido miembro de numerosos comités en la facultad, entrenador de béisbol y moderador en el club de la comedia. En una jornada normal, trabajo de ocho a cuatro y, por las tardes, me dedico a corregir exámenes y a preparar temas. Los domingos, me paso la mayor parte del día preparando el trabajo de la semana siguiente.

Los pupitres de mi clase están dispuestos en forma de herradura, lo que me permite ver fácilmente a todos los alumnos. Cuando un alumno dice algo que no entiendo, solo tengo que acercarme y pedirle que repita lo que acaba de decir. Además, establezco normas claras para la participación de los alumnos durante la clase: se habla de uno en uno y sin interrupciones. Estas normas no solo me benefician a mí, sino que son las pautas adecuadas que permiten que todos nos entendamos. Si yo no puedo entender lo que dice un alumno, puede que otros alumnos tampoco.

Para mí, es esencial sentirme cómodo con mi pérdida auditiva en la clase, por lo que suelo transmitir el siguiente mensaje a los alumnos el primer día del curso:

“La confianza es importante y quiero que en esta clase tengamos toda la mayor confianza posible. Empezaré hablando un poco sobre mí, ya que probablemente soy diferente a cualquier profesor que hayáis tenido. Como podéis ver, tengo una pérdida auditiva y, como imagino que sentiréis curiosidad, os contaré un poco de mi vida. Perdí la audición por un antibiótico que me administraron cuando tenía seis meses de edad, pero no se me diagnosticó hasta que tuve tres años y medio, así que he tenido que trabajar mucho para superar el retraso en el lenguaje. Es posible que también detectéis que tengo una forma de hablar peculiar debido a la sordera, pero he aprendido a comunicarme con las ayudas técnicas que utilizo y la lectura labial. ¿Qué implica todo esto en el día a día? No mucho, la verdad. Es posible que tenga que pediros que repitáis en alguna ocasión o que os recuerde que debéis proyectar vuestra voz de manera que llene todo el espacio. Comparto mi historia con vosotros porque quiero que seáis conscientes de que todos nos enfrentamos a la adversidad de manera diferente. Tal vez, vosotros también hayáis experimentado algún tipo de pérdida, por ejemplo, quizás vuestros padres se han divorciado, o tenéis alguna dificultad de aprendizaje o estáis tratando de salir de una depresión. La clave para superar la adversidad es reconocerla para después trabajar para superarla. Cuando estaba en secundaria, no quería reconocer mi pérdida auditiva. Me sentaba en las últimas filas de la clase para sentirme uno más, cuando lo que realmente necesitaba era sentarme en la primera. Solo después de aceptarme tal y como soy, empecé a hacer valer mis derechos y conseguí tener buenos resultados académicos”.

También trato de tener sentido del humor y contar situaciones divertidas de algunos malentendidos que me han sucedido. Ésta es la anécdota que siempre cuento al explicar lo que es la lectura labial y cómo dos frases pueden resultar muy parecidas. En una ocasión, entendí que un agente de seguridad en el aeropuerto me decía: “quítese los pantalones” (take off your pants). Perplejo, le pedí que me repitiera la frase y me di cuenta de que lo que estaba diciendo era: “saque la tarjeta” (take out your pass). Es muy importante que mis alumnos se den cuenta que me siento cómodo con mi pérdida auditiva, ya que contribuye a que también ellos se sientan cómodos.

He tenido muy pocos problemas en el aula en relación con mi pérdida auditiva. Cuando no escucho algo, soy honesto y sincero, ya que si trato de hacer como que escucho, la clase se da cuenta. En cuanto al manejo de la clase, pronto me di cuenta de que pueden surgir “problemas de disciplina” debido a la falta de rutina. El profesor debe establecer rutinas claras desde el primer día para crear una experiencia de aprendizaje positiva para todos.

Trato de dar ejemplo con paciencia y respeto. Si los alumnos empiezan a reírse porque yo u otro alumno tardamos en comprender algo, utilizo el viejo truco del profesor: la mirada. No la puedo describir bien a través de la palabra escrita, pero digamos que es la clase de mirada que a nadie le gusta. Afortunadamente, apenas tengo que usarla.

He tenido la oportunidad de trabajar con dos alumnos con pérdida auditiva. Fui profesor de uno y tutor de otro. Fue una experiencia positiva para mí y creo que para ellos también, ya que yo era un adulto que entendía su situación.

Suelo utilizar el correo electrónico casi todas las veces en las que necesito ponerme en contacto con los alumnos y los padres. Cuando tengo que usar el teléfono, lo pongo en modo bobina telefónica.

Creo que siempre seré profesor, si bien puede que más adelante me dedique a tareas de gestión en la etapa de secundaria. Estudio cuarto curso de doctorado y asisto a clase todas las tardes de lunes a viernes y también los sábados. Sin embargo, por ahora, me encanta dar clase. No ha llegado todavía el momento de dejarlo.

Para ser profesor, se debe ser uno mismo y no ocultar la pérdida auditiva. Todo lo contrario, se deben adoptar aquellas medidas (por ejemplo, una disposición de los pupitres en forma de herradura) que permitan dar las clases sin problema. Si estás interesado en la enseñanza, puedes ofrecerte de voluntario para ser tutor o ayudante de profesor y observar en la práctica a otros buenos profesores. Ha de ser una profesión que implique colaboración. Averigua quiénes son los mejores profesores del colegio y pregúntales si puedes asistir como observador a sus clases. He aprendido mucho de mis colegas. En primer lugar, debes centrarte en ser un profesor eficaz. Si los alumnos perciben que eres un buen profesor, no le darán importancia a si tienes o no una pérdida auditiva.

En este trabajo he desarrollado aptitudes como son generar expectativas adecuadas, compromiso con los logros de los alumnos, una ética profesional sólida, interés sincero por los alumnos, entusiasmo por la asignatura y sentido del humor. La enseñanza es un trabajo agotador. Afortunadamente, tenemos los veranos libres para recargar las pilas. Sin embargo, es muy gratificante.

Desde que tengo memoria, siempre he estado en un centro educativo y me encanta la sensación de pasear por un campus. Hay algo muy estimulante en formar parte de una comunidad escolar llena de energía. El aprendizaje une a las personas de una manera maravillosa.


Justin está casado, su esposa es oyente e imparte clases en un colegio estatal para alumnos con sordera. Tienen un hijo de dos años que está aprendiendo el idioma inglés y la lengua de signos. Aparte de su trabajo, a Justin le encanta ver partidos de béisbol.


Es esencial mostrar a mis alumnos que me siento cómodo con mi pérdida auditiva, ya que contribuye a que ellos también se sientan cómodos.



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