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Vol. II, núm. 8, periodo junio 2009






Formulario de autoevaluación.

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Ayudando a las familias en la preparación de las reuniones con profesores

Melissa Grisswold, Clarke Mainstream News, Abril 2004: Vol. 23, No. 7.

Antes de poder adoptar ninguna decisión acerca de los profesores (siempre que exista esta posibilidad), los cursos y los servicios de apoyo más adecuados para el próximo curso, es necesario reunir información y compartirla con todos los miembros del EQUIPO. Las reuniones con los profesores son un vehículo importante en este proceso y estamos convencidos de que incluso los alumnos más jóvenes debieran asistir a estas reuniones. No podemos pretender que la participación de un alumno o alumna en la reunión sobre su Documento Individualizado de Adaptación Curricular (DIAC) aumente de año en año, si no le facilitamos la oportunidad de obtener información sobre sus fortalezas y necesidades y de exponer sus puntos de vista sobre el colegio.




Cuando se enseña gradualmente al alumno el cómo y el porqué, su programa se articula de una determinada manera, se le ayuda a que tome conciencia de que tanto él como sus padres, sus profesores y el resto de profesionales de apoyo trabajan para lograr objetivos comunes. Este objetivo no es fácil de conseguir si se espera a que al alumno cumpla 14 años para animarle a asistir a las reuniones y a participar en ellas. Si se espera a que el alumno vea por primera vez su DIAC en tercer curso de la ESO, la situación puede generar desconfianza en el alumno. Por el contrario, cuando se habla con él abiertamente y se le involucra en las reuniones, aunque sea únicamente durante unos minutos en el caso de que sea muy pequeño, lograremos que, a medida que crezca, anticipe las reuniones con optimismo, en lugar de con temor, ya que habrá tenido más oportunidades y experiencias de los efectos positivos que conlleva la defensa de los propios intereses.

Polly Anderson y Mike McCusker, padres de un hijo sordo, ofrecían este consejo a otros padres: “Ustedes deben ser los portavoces de su hijo hasta que pueda tener una voz propia. Asegúrense de que consigue lo que necesita”. Cuando los padres asisten con su hijo a las reuniones, tienen una oportunidad maravillosa de servirle de modelos de conducta, en lo que se refiere a intercambiar información, defender una determinada cuestión y desarrollar una relación de cooperación con los profesores. Como familia, tienen la capacidad de completar el rompecabezas, por así decir, al describir cómo el alumno se maneja con los deberes escolares y en las situaciones fuera del entorno escolar, además de señalar las áreas de crecimiento y las áreas en que necesita mejorar.

Por otra parte, al acudir a las reuniones con su hijo, también fomentan que los profesores se comuniquen directamente con él. En algunos casos, nos hemos dado cuenta de que los profesores plantean sus inquietudes a otros adultos a lo largo del curso, pero no siempre las comparten directamente con el alumno. Hay que señalar también que las reuniones facilitan a su hijo la oportunidad de escuchar de primera mano en qué áreas ha destacado o logrado mejorar. A todos los alumnos les beneficia recibir felicitaciones directamente de sus profesores pero, en el caso de un alumno que se enfrenta diariamente a retos adicionales, el reconocimiento de su progreso y de su esfuerzo es vital para el desarrollo de su autoestima.

Para sacar el máximo partido de las reuniones con los profesores, es necesario preparar algunos aspectos. Con antelación, se deberá mantener una conversación con el niño. Dependiendo de su edad, se le pueden plantear algunas preguntas generales u otras más específicas, con el fin de ayudarle a que exponga sus puntos de vista. A continuación, se facilitan algunas sugerencias:

1. ¿Cuándo te sientes más contento en el colegio?
2. ¿Cuál es tu asignatura preferida? ¿Y la que menos te gusta?
3. ¿Cuándo te sientes más estresado o cansado en el colegio?
4. ¿Qué clase de tareas te resultan fáciles/ difíciles?
5. ¿Cómo te manejas en situaciones ruidosas (el comedor, el gimnasio, el recreo)?
6. ¿Qué tal lees los labios de otras personas? ¿Cuándo crees que eres capaz de utilizar bien tu capacidad auditiva? ¿En qué situaciones tienes mayor dificultad para escuchar?
7. Si tienes un problema en el colegio, ¿Con quién sientes más confianza para hablar?
8. ¿Con qué compañeros de clase te sientes más cómodo?
9. ¿Tienes algún problema con amigos/ profesores/ tareas escolares en el que te gustaría que te ayudaran?
10. ¿Hay algo en particular que te gustaría que comentáramos con tu profesor?

Se puede conseguir que el niño se sienta más tranquilo si se habla de su participación con antelación. El tiempo que esté en la reunión con ustedes y el profesor variará en función de la edad y su grado de confianza. Al principio, podría quedarse solamente unos minutos y después optar por buscar algunos juguetes y jugar con ellos en el aula o, si es mayor, ir a la biblioteca a leer un libro mientras los adultos continúan hablando. Es posible que se sienta cómodo exponiendo personalmente la información o puede que necesite que ustedes lideren la conversación al comienzo.

Además de preparar al niño para la reunión, resulta útil elaborar una lista con las preguntas que les gustaría plantear al profesor. Es importante prestar una atención similar a los temas sociales, emocionales y a los relacionados con la pérdida auditiva; por lo tanto, debe tener en cuenta tanto las cuestiones de carácter académico, como las no-académicas. A estas alturas del curso escolar, las preguntas podrían dirigirse hacia la identificación de las áreas en las que el alumno ha avanzado y de las áreas en las que hay que prestar una atención especial con vistas a la programación del próximo curso. Algunas preguntas a tener en cuenta:

1. ¿Cómo describiría el estilo de aprendizaje de mi hijo?
2. ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?
3. ¿Qué actividades nos recomendaría para ayudarle a desarrollar sus intereses y aptitudes?
4. ¿Trabaja conforme a su curso? Si no es así, ¿qué se puede hacer para ayudarle dentro y fuera del colegio? ¿Qué podríamos hacer en los meses de verano?
5. ¿Da la impresión de que disfruta aprendiendo?
6. ¿Cree que está progresando bien con las adaptaciones actuales o recomendaría otras?
7. ¿Qué opina de su lectura labial y de cómo utiliza su audición residual?
8. Cuando no entiende ¿Solicita aclaración a los profesores? ¿Y a los compañeros?
9. ¿Cómo se maneja en entornos ruidosos?
10. Si otras personas no entienden su discurso, ¿Cómo maneja la situación?
11. ¿De qué manera le ha animado a que defienda sus intereses? ¿Cómo ha fomentado el respeto y la aceptación entre sus compañeros de clase con audición normal?
12. ¿Es líder o gregario? ¿Suele iniciar conversaciones con sus compañeros?
13. ¿Qué estrategias han sido útiles para logar su participación?
14. Respecto al uso de sus audífonos, ¿En qué situaciones se maneja bien y en cuáles ha habido algún problema? ¿Qué podría hacerse para preparar mejor a los profesores del próximo curso?

Generalmente es útil tomar notas durante la reunión. De esta manera, una vez finalizada, podrán recordar fácilmente los puntos a revisar con su hijo y con su EQUIPO. Las notas también pueden servir de guía en caso de que necesiten ponerse en contacto con el profesor para conocer el progreso de su hijo en las semanas siguientes (Glassman, 2003) o utilizarse como referencia en futuras reuniones para evaluar los avances realizados de un año para otro.

Si desean hablar sobre temas importantes que les preocupan especialmente, es posible que no puedan abordarlos durante el tiempo establecido para una reunión ordinaria, por lo que deberán tratar de programar una reunión más extensa con el profesor. Quizás haya que fijar una reunión otro día distinto al asignado para la reunión pero, de esta manera, se evitan los inconvenientes de tener que ajustarse a una franja de 15 ó 20 minutos de tiempo. Cuando se plantean preocupaciones, puede ser difícil controlar las emociones; reflexionen sobre aquella información que pueden compartir y que puede servir de ayuda para clarificar una circunstancia particular. El trabajo en equipo para encontrar maneras de mejorar durante las semanas restantes del curso y durante el próximo curso proporcionará otra oportunidad para enseñar a su hijo habilidades eficaces en la resolución de problemas.

Hablar sobre la reunión con su hijo es tan importante como todo lo que se ha realizado con anterioridad. Felicítenle por su asistencia y refuercen los puntos positivos que se debatieron. Averigüen cómo se sintió participando y transmítanle sus impresiones de la reunión.

Las reuniones con los profesores son oportunidades valiosas para ayudar a su hijo a aprender más acerca de sí mismo y sobre el diseño de un programa que haga frente a sus necesidades. Como padres, tienen un papel relevante que desempeñar para asegurarse de que se abordan las necesidades académicas y no-académicas de su hijo, al mismo tiempo que le ayudan a encontrar su propia manera de expresarse.

Referencia: Glassman, Jackie. (2003). Make the Most of Parent-Teacher Conferences. http://school.discovery.com/parents/teacherlink/articles/parentconferences_prinnt.html


¡FELIZ VERANO!

Volvemos en septiembre

Siguiendo la corriente: La bendición de descubrir que estás bien

Claire Blatchford, Clarke Mainstream News, Abril 2004: Vol. 23, No. 7.

Cuando tenía catorce años a mis padres les preocupaba que mi vida social no fuese muy activa y creyeron que sería bueno para mí ir de excursión a esquiar con el colegio. En realidad, no me pidieron opinión y asumieron que mi primera experiencia esquiando sería sencilla ya que era deportista.




Así que me encontré una mañana de febrero con una maleta junto a mi mochila del colegio. Enseguida me enteré de que mi mejor amiga no venía y de que compartiría habitación con una chica mayor llamada Bárbara a la que yo admiraba. Bárbara me hacía sentir más nerviosa que contenta. Una cosa es que alguien te guste desde la distancia y una muy distinta tener que vestirte y desvestirte en el mismo espacio, charlar y —esta era mi mayor preocupación— que esta persona descubra que no puedes hablar en la oscuridad. Tampoco me sentía cómoda sabiendo que se había ofrecido voluntaria para compartir habitación conmigo. ¿Significaba eso que le daba pena?

Sabía que si mi madre me pillaba cuando hacía trampas también podría pillarme si simulaba estar enferma, así que me monté en el autobús y, como estaba demasiado oscuro para leer los labios, pasé el siguiente par de horas mirando por la ventana. Leer los labios en la cena sentada en una gran mesa rectangular donde la conversación saltaba de un lado a otro como una pelota de ping-pong no era mucho más fácil. Me fui a la cama temprano, no sólo porque estaba exhausta, sino también porque había decidido que mis ojos estuvieran cerrados cuando Bárbara entrara en la habitación.

A la mañana siguiente estaba levantada, vestida y en el piso de abajo a las seis. Tuve que esperar un par de horas para desayunar aunque estaba eufórica por la nieve y mi primera visión de Vermont. Después, en la oficina de alquiler de esquís en la estación tuve una de mis mayores meteduras de pata. En vez de contarle al monitor que no sabía nada sobre esquiar, simplemente seguí a un grupo de principiantes —a mí me parecían principiantes— afuera y directamente a un telesilla que se dirigía a una pista intermedia.

Ahora lo recuerdo todo como una comedia de equivocaciones, pero en ese momento tenía todas las características de una tragedia. Les dije a las otras chicas que estaría bien, aunque no estaba segura de volver al hostal viva y, en el momento en el que se perdieron de vista, me quité los esquís y empecé a bajar. La pista estaba helada. Bajé la mayoría del camino de culo y, un par de horas después, descubrí que todo el mundo había terminado de comer y estaban volviendo al telesilla. Yo me quedé en suelo firme.

Esa noche, después de otra cena llena de pelotas de ping-pong voladoras, seguí a mis compañeros al salón recreativo donde decidieron jugar —lo has adivinado— ¡a mímica! En ese punto Bárbara ya había dejado de intentar comunicarse conmigo, yo era la única culpable, y los monitores, que querían tiempo para ellos mismos, habían desaparecido.

Me puse las botas, cogí la chaqueta, la gorra y las manoplas y salí por la puerta trasera. Lo único que quería era escaparme —del lío en el que me había metido, de mis compañeros, de mi incompetencia y, sobre todo, de mi sordera—. Caminé y caminé, habría andado un par de millas por la silenciosa y nevada carretera, antes de bajar el ritmo y parar. Era una de esas maravillosas noches de invierno en que el cielo florece con cientos de estrellas brillantes. Nunca había visto un cielo como ese. Según miraba hacia arriba, las frustraciones y decepciones comenzaron poco a poco a desvanecerse y la grandeza y la belleza del universo me inundaron. Sentí claramente que, incluso si no podía esquiar, hablar en la oscuridad o seguir todas las conversaciones, podría encontrar la forma de superarlo. Quizá fuera físicamente sorda para el mundo exterior pero por dentro era como todos los demás. Fue como si alguien, a quien no pudiera ver, hubiese puesto sus manos firmes alrededor de mi angustiado corazón, calmándolo hacia una paz regular y tranquila.

Plena con la maravilla de las estrellas, me quedé en la carretera nevada de Vermont hasta que el frío me obligó a moverme. Volví a la casa. Nadie se había dado cuenta de que me había ido, me fui a mi habitación —que estaba vacía— me metí en la cama y dormí profundamente. Aunque sigo sin ser buena esquiando, sé que esta experiencia tuvo algo que ver con mi elección de ir a la universidad en Vermont.

Supongo que algunos padres y profesores se estremecerán al oír esta historia. Quizá se pregunten por qué los monitores y mis compañeros no fueron más conscientes de mi situación. No todo fue culpa suya. Me costó muchos años decir lo que pienso cuando necesito ayuda. La comprensión y la sensibilidad hacia las dificultades de las personas con discapacidad auditiva han crecido a pasos agigantados desde entonces. En estos últimos 25 años, sin duda ha habido una revolución en la manera en que se considera a las personas con discapacidad física —no sólo a los sordos—. Todos los descubrimientos tecnológicos han sido, y seguirán siendo, una parte muy importante de este avance. Al mismo tiempo, parece ser que hay cada vez más presión sobre los jóvenes. Presión para competir, para adaptarse, para abordar temas tales como el abuso de sustancias, el sexo, la violencia, etc. Aunque no puedo ofrecer una fórmula para ayudar a un estudiante sordo a descubrir que es normal, creo que la confianza sincera en el alumno y la buena disposición para compartir experiencias personales de sorpresa y de gratitud por todas las experiencias de la vida ayudan mucho. El descubrimiento de que uno está bién no tiene por qué ser un acontecimiento dramático, puede ir revelándose poco a poco a través de la bondad de un entorno que elogia y apoya.



Imágenes de la integración

Clarke Mainstream News, Abril 2004: Vol. 23, No. 7.

Es imposible conocer todo lo que se necesita saber sobre la pérdida auditiva en las primeras semanas del curso escolar. A estas alturas, probablemente entenderá mejor la repercusión que la pérdida auditiva tiene en el alumno con el que usted trabaja. Utilizando los recursos disponibles, y probablemente mediante algún ensayo y error, ha podido desarrollar estrategias eficaces para comunicarse con el alumno y enseñarle. Seguramente también tendrá una percepción más clara y comprenderá mejor su personalidad.

El próximo otoño, el proceso comenzará de nuevo y el alumno se encontrará con profesores que no tienen experiencia de trabajo con alumnos con pérdida auditiva. Incluso si el profesor tiene alguna experiencia, no conocerá las necesidades y aptitudes específicas del alumno. Usted dispone de información valiosa que podrá compartir con sus futuros profesores e incluir en el expediente académico para que sirva de referencia a otras personas.

Le rogamos que cumplimente el Cuestionario de información del profesor que se incluye a continuación y lo remita al coordinador del programa. Nuestros asesores consideran que se trata de un documento de gran valor. Con frecuencia, se utiliza en las reuniones de transición de los profesores del curso actual y a los del curso siguiente (si se pueden identificar antes de que finalice el curso escolar) y, en otoño, se comparte en las reuniones de orientación de profesores. Recomendamos que los coordinadores hagan copias para todas las personas que vayan a trabajar con el alumno el año próximo.




Cuestionario de información del profesor

El objetivo de este cuestionario es recoger información en relación con su alumno/a con deficiencia auditiva. Sus comentarios sobre el curso transcurrido servirán de referencia al profesorado del próximo curso, les ahorrará tiempo en conocer y aprender a trabajar con él/ella.

Gracias por su tiempo para responder a las siguientes preguntas. Por favor, incorpore este cuestionario a la documentación del alumno o entréguelo al coordinador de etapa.

NOMBRE DEL ALUMNO:

NOMBRE DEL PROFESOR:

CURSO Y ASIGNATURA:

FECHA:

Pérdida auditiva y comunicación:

1. ¿Entendía bien el lenguaje hablado de su alumno/a durante los primeros días con él/ella?


¿Cómo le comprendía él/ella a usted?


2. ¿Qué sugerencias puede dar a sus futuros profesores para facilitar las conversaciones iniciales con él/ella?


3. Comente la participación del alumno/a en discusiones y actividades en grupos pequeños y grandes. Vd. ¿Cómo ha facilitado su participación?


4. ¿Cómo se maneja el alumno/a en las rupturas de la comunicación (uno a uno, en grupo)? ¿Qué tipo de ayuda ha necesitado?


5. El alumno/a ¿Desea utilizar ayudas técnicas aditivas? ¿Alerta al profesor cuando tiene problemas con el equipo?


6. ¿Cómo afectan los problemas del equipo a la comunicación?


7. ¿Cómo se encuentra el alumno/a cuando se habla acerca de su pérdida auditiva? El próximo curso, ¿Cómo hay que presentar este alumno/a a la nueva clase?


Información relacionada con la asignatura:

1. Por favor haga una lista con las fortalezas y áreas de mejorar en la asignatura que Vd. enseña.


2. ¿Hay formas específicas de ayudar a progresar a este alumno/a?


3. ¿Qué tipo de ayuda, si es que la ha necesitado, ha ayudado al alumno a entender y realizar las tareas y demás trabajos?


3. Comente las habilidades de estudio y de organización de su alumno/a.


4. ¿Qué ayudas visuales o técnicas considera útiles?


5. ¿Utiliza siempre videos subtitulados? En caso negativo, ¿Cómo manejaban Vd. y su alumno/a esta situación?


Trabajo con el equipo de apoyo:

1. Si el alumno tiene un tutor o va al aula de apoyo, ¿Qué sugerencias puede ofrecer a los futuros profesores sobre la forma de utilizar el apoyo del tutor o del aula de apoyo?


2. Comente la efectividad de los servicios de apoyo dentro del aula (intérprete oral o signado, sistema para tomar apuntes, profesor de apoyo)


3. ¿El alumno/a sale del aula para recibir el apoyo o el profesor de apoyo entra en la clase? En su opinión ¿cómo ha funcionado?


6. ¿Recomendaría otros servicios de apoyo para el alumno en el futuro? ¿Con qué objetivo específico?


Desarrollo social:

1. Para este alumno/a ¿cómo ha sido la interacción con iguales? ¿y para los otros alumnos/as?


2. En caso de que haya sido necesario, ¿De qué forma ha ayudado Vd. a su alumno/a a desarrollar relaciones positivas con sus compañeros?


3. En general, ¿Diría que se han satisfecho las necesidades sociales de este alumno/a? ¿Por qué? ¿Por qué no?


A continuación incluya la información adicional que le gustaría compartir con los futuros profesores.






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