Otoño 2019 – número 1

-Acoso escolar y pérdida auditiva: cómo ayudar a los niños a ser más resilientes

-Cuando su hijo sufre acoso escolar: La experiencia de una familia

Octubre, mes de concienciación sobre el acoso escolar

En Estados Unidos, octubre es el mes de concienciación nacional sobre el acoso escolar y queríamos preparar un boletín en el que se abordase este tema. El acoso escolar es una de esas conductas de las que todos somos conscientes, pero de las que no nos gusta hablar. Sin embargo, es importante que empecemos pronto a hablar de ello con nuestros hijos y que continuemos haciéndolo a medida que van creciendo. También necesitamos hablar entre nosotros. Los colegios y las comunidades se deben unir para que todos los alumnos sepan que se encuentran en un entorno seguro, tanto en el colegio como en el hogar. Esperamos que este boletín sirva para tomar mayor conciencia sobre lo que los profesores, los padres y los alumnos podemos hacer para entre todos prevenir el acoso escolar. También compartir una misma concepción sobre el acoso escolar, nos permitirá reconocer y responder mejor cuando surja una situación de este tipo.

ACOSO ESCOLAR Y PÉRDIDA AUDITIVA: CÓMO AYUDAR A LOS NIÑOS A SER MÁS RESILIENTES

“Es importante ayudar a que su hijo o hija entienda que los comentarios y conductas hirientes no tienen que ver con nada malo ni ningún defecto suyo, es el otro niño/a quien se comporta de forma inapropiada”.

“Oye tú, ¿qué es eso que llevas en las orejas?” Me encuentro sentada en un banco del parque mientras dos niños mayores se acercan a mi hijo de cinco años en la zona de juego. “Son mis audífonos, me ayudan a oír”, grita él por encima del hombro mientras sigue trepando por las barras, sin llegar a saltarse ningún tramo. Los dos chicos mayores se encogen de hombros y se alejan; yo respiro profundamente.

Como sabe cualquier madre o padre de un niño con sordera o hipoacusia, las reacciones a los audífonos y los implantes cocleares que nuestros hijos llevan en la parte posterior de la oreja pueden variar desde la curiosidad o la broma hasta al acoso directo. El acoso es un problema grave en numerosos colegios estadounidenses; se estima que el 30% de los alumnos de 6º EP a 2º de la ESO se ha visto involucrado en algún tipo de incidente de acoso. Si bien no existen datos específicos relativos a los niños con discapacidad, en los estudios de investigación, se sugiere que la probabilidad de sufrir acoso se puede duplicar en el caso de los niños con discapacidad, si además es algo manifiesto como sucede al llevar audífonos o implantes cocleares (Sullivan, 2006).

QUÉ ES EL ACOSO ESCOLAR Y CÓMO AFECTA A LOS NIÑOS

En su libro, “El Acosador, el Acosado y el que es testigo del acoso” (The Bully, the Bulied, and the Bystander), Barbara Coloroso sugiere que el acoso escolar no tiene que ver con el enfado, sino que tiene relación con la intolerancia hacia las diferencias. La Sra. Coloroso afirma que puede ser difícil trazar la línea entre la mezquindad ordinaria y el acoso. No todos los incidentes o comentarios desagradables son conductas de acoso. Es importante ayudar a que su hijo o hija entienda que los comentarios y conductas hirientes no tienen que ver con nada malo ni ningún defecto suyo, es el otro niño o niña quien se comporta de forma inapropiada.

A los niños se les debe tomar en serio cuando hablan sobre la conducta o las palabras de otros niños que les resultan hirientes. Sin embargo, puede ser difícil conseguir que un niño hable del acoso escolar, especialmente a medida que se va haciendo mayor. Los motivos por los que los niños no desean hablar del acoso pueden ir desde que se sientan avergonzados hasta pensar que nadie, ni siquiera un adulto, podrá ayudarles. “Los niños generalmente nos dan pistas, pero necesitamos sintonizar con ellos”, apunta la Sra. Coloroso. “Si en su fuero interno siente que algo le está sucediendo, probablemente sea así”.

“Algunos niños tienen de manera natural mucha seguridad en sí mismos y muestran una gran capacidad de resiliencia ante los comentarios hirientes”, señala la Dra. Jennifer Reesman, directora de la DREAM Clinic (Evaluaciones relativas a la sordera y más allá) de Baltimore, Maryland. “Desde una edad temprana muestran esta actitud sobre su pérdida auditiva: “Yo soy así y me siento bien. Si no te gusta, es tu problema”. Sin embargo, no todos los niños tienen tanta confianza en sí mismos. La Dra. Reesman y otros expertos sugieren que los padres deben dedicar tiempo a proporcionar a sus hijos recursos y asegurarse de que disponen de un plan para hacer frente a las situaciones de acoso antes de que ocurran. Esta preparación puede ayudar a sus hijos a gestionar los comentarios y conductas desagradables, para así saber cómo reaccionar cuando alguien les provoca malestar.

AYUDAR A LOS NIÑOS A ADQUIRIR RESILIENCIA

¿Cuál es su actitud?

Los sentimientos y las emociones de los padres acerca de la pérdida auditiva pueden ser factores importantes en la formación de la propia imagen del niño y lo que éste sienta acerca de sus habilidades.

Si los padres tienen algún conflicto con la pérdida auditiva de su hijo y no están seguros de cómo reaccionar al respecto, el niño puede captar estos sentimientos e internalizar la idea de que tiene algún defecto y no es una persona completa porque tiene que usar un implante coclear o un audífono.

Por el contrario, si un niño siente que se le acepta como es, podrá internalizar estos sentimientos y cuando alguien le insulte o le falte al respeto, estará en mejores condiciones de sobreponerse porque es consciente de que quien tiene el problema no es él, sino la persona que le insulta.

¿Qué es un amigo?

El mundo de la amistad puede ser difícil de transitar. Algunos niños tienen dificultades para distinguir las relaciones de apoyo de las que tienen un motivo diferente. “Los niños desean integrarse, formar parte de un grupo”, asegura la Dra. Reesman, “a veces me cuentan situaciones de niños que se integran en un grupo que realmente se está burlando de él, porque ellos mismos no son conscientes de la diferencia”.La Dra. Reesman sugiere que las familias hablen a sus hijos sobre la amistad.
“Esta comunicación abierta y compartida es importante para hacer crecer resiliencia de su hijo”, afirma la Dra. Reesman. “Se debe comenzar a una edad temprana y hablar sobre lo que entendemos por amistad. Ayude a su hijo a comprender la diferencia entre lo que los amigos hacen y lo que no hacen. Averigüe quiénes son sus amigos, invítelos a su casa y observe la manera en que hablan y juegan juntos”.

Es importante recordar que los amigos y los miembros de una misma familia a menudo se gastan bromas de forma cariñosa. Para diferenciar cuando un niño está burlándose amistosamente y cuando lo hace de manera malintencionada, hay que prestar atención al tono de voz, la postura corporal y la expresión facial que acompañan a las palabras. Los niños con sordera o hipoacusia no suelen captar con facilidad todas estas señales en los intercambios sociales. La práctica mediante rol playing (p.ej. frases en tono amistoso y en mal tono) puede ayudar a distinguir unas de otras y también permite ensayar diferentes formas de responder ante ellas.
Promueva el desarrollo de sus habilidades lingüísticas.

El lenguaje puede ser uno de los puntos débiles del niño con sordera o hipoacusia, por lo que se le deben facilitar las palabras que le ayuden a explicar su pérdida auditiva a otras personas. Hay que estar seguros de que el niño conoce sus aparatos y la manera en que le ayudan a oír. Además, hay que enseñarle algunas frases que son claves (p. ej.: “No es muy agradable decir eso” o “Qué interesante”) para usar en respuesta a situaciones de acoso escolar que pueden ser de gran ayuda para que el niño adquiera mayor confianza en sí mismo.
La Dra. Reesman sugiere que las respuestas sean sencillas y apropiadas para la edad. Asegúrese de que puede responder a preguntas sobre su pérdida auditiva: la manera en que los audífonos o procesadores le ayudan a oír o el funcionamiento del sistema FM. Estas habilidades se deben desarrollar en el hogar y en el colegio, con el fin de que el niño se sienta cómodo con la explicación que él mismo se da.

Promueva las habilidades necesarias para hacer amistad con otros niños

La investigación muestra que los niños que sufren acoso suelen tener habilidades sociales poco adecuadas (Olewus, 1993). “El problema que se observa al respecto”, destaca Lois Heymann, directora del Steven and Shelly Einhorn Communication Center, en el Center for Hearing and Communication de Nueva York, “es que unas buenas habilidades de escucha constituyen realmente la base para desarrollar buenas habilidades sociales y es algo que requiere una práctica adicional en los niños con sordera o hipoacusia.

La pérdida auditiva puede reducir el número de oportunidades para adquirir de manera incidental conocimiento de carácter social, por ejemplo, prestando atención a las conversaciones que tienen lugar entre los profesores y sus amigos en las zonas comunes, a la hora de negociar y establecer acuerdos. Esta brecha en el conocimiento de las reglas no escritas puede incrementar su vulnerabilidad. Se les debe ayudar a practicar cómo esperar turno en la conversación, hacer preguntas sobre otras personas, a hacerse valer cuando tienen dificultad para seguir una conversación y a entablar una pequeña charla con otros, haciendo observaciones positivas sobre la ropa que llevan o la forma en que juegan a un deporte en concreto.

LLEVARLO A LA PRÁCTICA

Desafortunadamente, como madres o padres, no podemos proteger a nuestros hijos ni evitar que tengan que enfrentarse a situaciones que puedan herir sus sentimientos. Pero sí podemos asegurarnos que les hacemos conscientes de que estas situaciones pueden ocurrir y que así estén preparados para enfrentarse a ellas. Es preciso darles espacio para que resuelvan sus problemas por sí solos, para que así puedan probarse y desarrollar sus habilidades, pero también debemos permanecer atentos e identificar cambios en sus emociones y conductas.

También puede resultar difícil a los niños con sordera o hipoacusia leer las expresiones de otras personas y también es posible que no tengan en cuenta las señales que éstas transmiten con su lenguaje corporal. Por ejemplo, integrarse en un nuevo grupo es más sencillo cuando se sonríe, o se muestra entusiasmo cuando te invitan a participar en un juego. También puede ocurrir que no sepan cómo demostrar que alguien les agrada, por lo que su conducta puede parecer torpe o insegura. También en este caso es recomendable practicar estas habilidades en casa y en el colegio. Sugiera que pongan caras que reflejen la forma en que se sienten (felices, tristes, emocionados). Practiquen también habilidades de lenguaje corporal: “¿cómo puedes acercarte a un grupo y mostrarte amigable?”

Ayudar a los niños a sentirse seguros con sus habilidades y lo que pueden aportar a un grupo puede ayudarles a ser más resilientes.

Promueva la “aceptación social”

El Dr. Horowitz, coach de padres y autor de Family Centered Parenting, lo describe como “el lugar donde se encuentra un niño con respecto a otros en su grupo de referencia; todas esas reglas no escritas que forman parte de la vida en el patio”. Ayudar a los niños a sentirse seguros con sus habilidades y con lo que pueden aportar a un grupo puede ayudarles a ser más resilientes. “Todo el mundo es bueno en algo”, continúa el Dr. Horowitz.

En numerosas ocasiones, estas habilidades se manifiestan de una forma natural; un niño puede ser un buen atleta o un artista de talento. Sin embargo, una actitud sana ante el éxito no solo se adquiere en los momentos de grandes logros. Mostrar entusiasmo por actividades tan diferentes como el origami, las construcciones de Lego o escalar en un rocódromo es una manera de que los niños consigan un éxito que pueda llevarle a su vez al éxito en situaciones sociales.
“Lo importante es ayudar a los niños a que comprendan que la pérdida auditiva no les define”, asegura una madre, cuya hija utiliza audífonos bilaterales: “la pérdida auditiva de mi hija es solo una pequeña parte de su persona. Es bailarina, jugadora de fútbol y amante de los animales. Si alguien se burla de ella, le digo que no se ha tomado la molestia de conocer la gran persona que es”.

Favorezca el contacto con otros niños

Es preciso conocer a los amigos y los niños que conoce su hijo. En cierta forma, puede ser la mejor defensa contra el acoso escolar. “Si su hijo se siente integrado y valorado en su grupo de amigos, será menos vulnerable al maltrato en otras situaciones”, afirma la Dra. Reesman.
Procure que tenga relación con niños oyentes y con niños con pérdida auditiva; con niños que residan en el vecindario y con niños de otras zonas. Busque oportunidades para que haga amigos fuera del colegio a través de diferentes grupos, actividades y equipos, ya sea en un equipo de algún deporte, una clase de manualidades o un grupo de baile.

Establezca un plan

Dediquen tiempo a hablar sobre el acoso escolar y trabajen juntos en la elaboración de un plan. En los estudios de investigación se demuestra que los niños que hablan con un adulto del acoso y de las ocasiones en las que se burlan de ellos y conversan al respecto, son más capaces de hacer frente a una conducta hiriente que los que no lo hacen (Davis y Nixon, 2009).

“Las reuniones familiares pueden ser un buen lugar para que los niños adquieran práctica y seguridad antes de que ocurra algún problema”, sugiere el Dr. Horowitz. “Las familias pueden practicar diferentes formas de responder ante una situación y también la manera de pedir ayuda a un adulto”.

“Lo que nos funciona a nosotros”, comenta Christina Danese, madre de un niño con implantes bilaterales y profesional vinculada a Clarke School de Nueva York, “es que le demos al otro niño tres oportunidades. Si los comentarios o las conductas persisten, mi hijo recurre a un adulto que puedo ser yo misma, un profesor u otro adulto del colegio. De esta manera, mi hijo tiene la oportunidad de intentar resolver el problema por sí solo, pero también sabe que los adultos le ayudarán en caso de que lo necesite”.

Además, la Dra. Reesman destaca la importancia de poder recurrir a una persona de confianza en busca de ayuda. “Muchos adultos no están seguros de cómo responder frente a una conducta de acoso y pueden tratar de ignorarla como si fuera algo normal entre niños”. Designe a un adulto del colegio (profesor, entrenador, terapeuta o administrador) que escuche a su hijo en cualquier circunstancia y que se tome en serio sus preocupaciones. El hecho de saber que existe una persona con la que puede hablar, y a la que pedir ayuda, puede representar una gran diferencia en la vida de un niño.

“Lo importante es ayudar a los niños a que entiendan que la pérdida auditiva no es únicamente lo que les define”.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bauman, S. y Pero, H. (2010). “Bullying and Cyberbullying Among Deaf Students and Their Hearing Peers: An Exploratory Study”. Journal of Deaf Studies and Deaf Education.
Coloroso, Barbara. (2008) The Bully, the Bullied, and the Bystander: From Preschool to High School—How Parents and Teachers Can Help Break the Cycle. Collins Living.
Davis, A y Nixon, C. (2009). The Youth Voice Research Project. www.youthvoiceproject.com.
Horowitz, Richard (2010) Family Centered Parenting: Your Guide for Growing Great Families. Morgan James Publishing.
Olewus, D. (1993). Bullying at School: What We Know and What We Can Do (Understanding Children’s Worlds) Wiley-Blackwell.
Sullivan, P. (2006). “Children with disabilities exposed to violence: Legal and public policy issues”. En M. Feerick y G. Silverman (Eds.), Children Exposed to Violence. Baltimore: Paul Brookes Publishing.

SEÑALES DE ACOSO ESCOLAR

• Negarse a ir al colegio o mostrar una repentina falta de interés.
• Cambios en las calificaciones.
• Dejar de mostrar interés en las actividades familiares o escolares.
• Mostrarse triste o enfadado después de una llamada telefónica, un mensaje de texto o un correo electrónico.
• Hacer o decir algo que no es propio de él/ella teniendo en cuanta su forma de ser.

 

Plan de acción si sufres acoso

1. Aléjate de la situación. Trata de hacerlo antes de que empeore.
2. Procura contar con un adulto en el que puedas confiar y que te escuche en todo momento. Si crees que estás sufriendo acoso, es importante que hables de ello y que no te lo guardes dentro /para ti mismo.
3. Responde directamente al acosador. Muéstrate asertivo y seguro de ti mismo. Mantén un tono de voz sereno y estable.
4. Pide ayuda. Si ves a alguien que conoces, llámale por su nombre. Si no ves a nadie que conozcas, dirígete a la persona más cercana.
5. Hay un método para ayudar a calmar la situación que se denomina “banco de niebla”. Esta técnica consiste en responder con frases que sean neutras o afirmativas y que no agravarán la situación. Por ejemplo: “es posible”, “esa es tu opinión” o “como quieras”. De esta forma dispondrás de un tiempo adicional hasta llegar a un lugar seguro o encontrar una persona de confianza.
6. Si decides responder al acosador, tómate tu tiempo y práctica. Debes mostrarte asertivo y seguro de ti mismo, pero no agresivo. Debes conservar un tono de voz sereno y mantener el contacto ocular.

Cuando su hijo sufre acoso escolar

La mayoría de los colegios dispone de alguna política frente al acoso escolar, pero no siempre es suficiente. Cuando sucede, la situación es muy dolorosa. A continuación se expone la experiencia de una familia y la manera en que sigue respondiendo al acoso en la vida de su hijo.

Tuvimos numerosas experiencias y aún seguimos teniendo bastantes preocupaciones sobre el acoso escolar. En el caso de nuestro hijo, en la etapa de secundaria el acoso fue más manifiesto, hostil e incluso llegó a ser físico. En bachillerato, si bien suele ser más sutil, el acoso es igualmente preocupante y se centra en la exclusión. Si bien los acosadores son menos numerosos en bachillerato, parecen tener una gran habilidad para encontrar y evidenciar los puntos débiles, además de burlarse y socavar las bases de la confianza en uno mismo.

El acoso escolar comenzó en sexto curso, cuando nuestro hijo empezó a acudir a un colegio privado que nos pareció adecuado por el reducido tamaño de las clases. En su colegio anterior, W era conocido como uno de los alumnos con mejores notas. Sin embargo, en este nuevo entorno, algunos alumnos se burlaban de él porque mi hijo preguntaba “¿qué?”, asumiendo que no era muy inteligente. Esta suposición incorrecta fue reforzada por el profesor encargado de supervisar sus dispositivos tecnológicos y su incorporación al colegio. El profesor, a través de sus palabras y su forma de proceder, daba a entender que W era distinto y que se le debía tratar de una manera diferente – “indicación” que algunos alumnos siguieron al pie de la letra. Creo que esta situación preparó el escenario para un año difícil al permitir que los alumnos creyeran que W valía menos y que podían “ponerle en su sitio” cuando lo considerasen oportuno.

El acoso escolar comenzó con las provocaciones “típicas” entre chicos hablando a sus espaldas que se intensificaron y mantuvieron al descubrir que podían utilizar la pérdida auditiva como un arma adicional contra él. Cuando se lo comentamos al orientador escolar, apreciamos en su respuesta cierto grado de interés, pero también un trasfondo indudable de esa idea tan extendida de “los niños son niños”, acompañado del diagnóstico de madre sobreprotectora.

Cuando tienes sordera, necesitas que te inviten; resulta fácil que te excluyan. Se debe ser proactivo en la inclusión.

Un día, durante una clase de educación física, nuestro hijo tropezó con otro alumno y se cayó al suelo. Se quedó sentado para comprobar que sus implantes seguían activos. Otro alumno se detuvo frente a W, que pensó que acudía a echarle una mano. Lejos de eso, el alumno le apuntó con el dedo en la cara y exclamó en voz alta: “¡eres un discapacitado!” En este momento se hizo evidente que el acoso iba más allá de las provocaciones típicas entre niños.

Ese mismo día, nuestro hijo sufriría otro ataque que llegó a ser físico. Solo entonces, y a través de nuestra intervención, el colegio actuó. El director habló con todos los niños involucrados. Los que admitieron su intervención se enfrentaron a algunas consecuencias menores. En cuanto a los que no admitieron nada, no hubo consecuencias, según la información de la que disponemos. Después de estos episodios, se asignó a un nuevo profesor la tarea de defensor de W.

Después de que se le llamase “discapacitado” y sufrir agresiones físicas, nuestro hijo adoptó una fachada de fortaleza, pero, en los siete meses siguientes, utilizó una sudadera con capucha para ir al colegio, asegurándose de que la capucha le cubriera la cabeza (y sus implantes), tanto si llovía como si hacía sol. Le preguntamos a W si quería cambiar de colegio, pero nos respondió que no era de los que se rendían, a lo que respondimos que abandonar un lugar adverso y encontrar otro mejor no significaba rendirse.

La experiencia de una familia

DÓNDE NOS ENCONTRAMOS AHORA

Han pasado los años y la situación ha mejorado mucho. Nuestro hijo estudia actualmente bachillerato en el mismo centro y es uno de los mejores alumnos, enfrentándose a una gran carga de trabajo y participando en deportes y otras actividades. Sin embargo, fue necesario tiempo y una gran fortaleza personal para sobreponerse al daño sufrido en sexto curso. Por ejemplo, le fue difícil quitarse el estigma de ser “inferior” pero perseveró, demostrando diariamente su valía y, finalmente, la mayoría de los alumnos pudo apreciar su forma de ser de verdad: un niño inteligente, divertido y atleta, que además tiene sordera. Hemos seguido de cerca su autoestima. Además, acordamos con él que nos informara de cualquier caso de acoso tan pronto como ocurriese. Ha hecho buenos amigos y cuenta con un grupo bastante amplio de conocidos. Creo que el campamento de verano de Clarke le ayudó bastante durante el “periodo de reconstrucción” a aprender a desarrollar amistades sólidas y verdaderas, y a darse cuenta de que no está solo.

Fundamentalmente tratamos de reforzar la idea de que no es su culpa, que la conducta de acoso es reprobable y que un adulto debe saber cuánto antes si necesita ayuda. Le transmitimos que es la persona más importante del mundo para nosotros, y que siempre le querremos y apoyaremos. Acordamos con él que nos informara tan pronto como volviesen a ocurrir situaciones de este tipo. Reforzamos el hecho de que somos un equipo. También conseguimos que un adulto cualificado le orientase y le facilitase una perspectiva más objetiva y una nueva fuente de apoyo. Cuando surgieron nuevas situaciones de acoso, le aseguramos de inmediato que no había hecho nada malo. Me inscribí en todos los comités y actividades de voluntariado del colegio que tuve a mi alcance: si W no iba a abandonar el colegio, estaba dispuesta a que el colegio supiera que yo tampoco me iba a ningún sitio y que, de hecho, estaría en todas partes.

Hablamos con él sobre los posibles escenarios y le facilitamos consejos para evitar situaciones de acoso porque todavía hay algunos niños que quieren “ponerle en su sitio”. Practicamos también respuestas rápidas y concisas frente al lenguaje típico en las situaciones de acoso y diversas maneras de salir airoso de circunstancias difíciles.
Sigue habiendo niños desagradables y siempre los habrá. Puedo citar el caso de un niño que se negó a repetir lo que había dicho cuando nuestro hijo se lo pidió. W respondió que tenía derecho a oír como todos los demás. El niño respondió: “Tengo el derecho de la primera enmienda a no decírtelo”.

Cuando surgieron nuevas situaciones de acoso, le aseguramos de inmediato que no había hecho nada malo.

Esto me recordó algo que había leído del Dr. Philip Zazove, que tiene sordera, y es profesor y director del Departamento de Medicina Familiar de la Universidad de Michigan. Aunque no puedo citar la fuente ni confirmar que se trate de una cita directa, el mensaje era el siguiente: cuando tienes sordera, necesitas que te inviten; resulta fácil que te excluyan. Se debe ser proactivo en la inclusión. Lleva toda la razón. Gracias a este mensaje, nos dimos cuenta de que otras personas tienen un gran poder sobre las experiencias de nuestro hijo. Los acosadores se centran en este poder de exclusión y lo aprovechan.

A menudo le recordamos a W que una de sus mayores fortalezas y cualidades es su valentía. Los niños que le han acosado son niños a quienes la vida les ha resultado bastante fácil hasta el momento. Sin embargo, con el tiempo se verán en dificultades cuando se enfrenten por primera vez a una situación adversa de verdad: ¿cómo se desenvolverán si no han adquirido herramientas para gestionar la adversidad? W, por otro lado, nos gusta recordarle, ha adquirido una madurez y una fortaleza de carácter que le permite ver una situación en perspectiva y además elegancia y fortaleza interna para enfrentarse a lo que se le presente.

Lo que he aprendido como madre de un niño con sordera es que por un hijo se hace todo lo que uno pueda: facilitarle un hogar lleno de cariño y apoyo, reunir a un equipo de expertos que le ayude, recurrir a servicios de logopedia, elegir la tecnología adecuada y evaluar cuidadosamente cada decisión que se deba tomar con la esperanza de que sea la mejor elección. Junto con un equipo de expertos y profesionales, trabajamos arduamente para ayudar a nuestro hijo a que abogue por sus derechos, lo que necesitará durante toda su vida para transitar por el mundo como una persona con pérdida auditiva. Y este esfuerzo lo pueden echar por tierra unos cuantos niños de 11 años que aparecen y debilitan con sorprendente velocidad y eficiencia un pilar clave de nuestro arduo trabajo. El acoso escolar es destructivo y verdaderamente dañino con efectos duraderos. No deseo idealizar la situación diciendo que nuestro hijo es más fuerte por este motivo. Desearía que nunca hubiera sucedido. Sin embargo, se ha sobrepuesto a lo que esperamos que sea lo peor de la tormenta y dispone de las herramientas y la experiencia para enfrentarse a otros retos en el futuro.

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